Durante un vuelo hacia Argelia, una periodista española entregó al Pontífice un trozo de los restos de una embarcación que arribó a La Restinga. Este acto, cargado de significado, buscó poner de manifiesto la difícil realidad de la ruta migratoria atlántica, considerada una de las más peligrosas del mundo, y su impacto particular en islas como El Hierro.
El Papa, quien tiene previsto viajar a Canarias en junio y posteriormente a Lampedusa (Italia), enfatizó la necesidad de abordar las causas fundamentales de la migración. Expresó su preocupación por la situación de los migrantes y por las organizaciones que se benefician de su sufrimiento.
“"Debemos eliminar las causas de la desesperación que obligan a las personas a emigrar. Son ganancias ilícitas las de quienes especulan con la vida humana, cuya dignidad es inviolable. Unamos nuestras fuerzas para hacer de la tierra y del mar lugares de vida y de encuentro."
El Pontífice hizo un llamamiento a la comunidad internacional para combatir a las redes que se lucran con el sufrimiento humano, subrayando la importancia de proteger la dignidad de cada persona.




