Este pequeño núcleo de población, situado en la Anaga santacrucera, se caracteriza por la ausencia de infraestructuras básicas. A pesar de las impresionantes vistas y el entorno natural, la falta de agua potable y suministro eléctrico representa un desafío constante para sus habitantes.
“"Aquí se vive muy bien, hay mucha tranquilidad."
Los residentes de El Cresal, que se encuentra a unos 12 kilómetros de San Andrés, deben desplazarse regularmente a esta localidad para realizar gestiones cotidianas, como visitas médicas, compras en supermercados o trámites administrativos. La comunidad se organiza para suplir la carencia de servicios, utilizando placas solares para la electricidad y cubas de agua o aljibes para el abastecimiento hídrico, incluso aprovechando la niebla del bosque de laurisilva.
La población del caserío ha disminuido significativamente a lo largo de los años, pasando de unas 50 o 60 familias a los actuales quince vecinos permanentes. Aunque muchos regresan los fines de semana, la falta de servicios básicos es un factor determinante para que los jóvenes no se establezcan de forma permanente en la zona. Los habitantes expresan su frustración por la situación, especialmente en lo que respecta al suministro de agua, y lamentan que, a pesar de pagar impuestos por servicios como la recogida de basura, no dispongan de contenedores cercanos.
“"La gente de la ciudad no se puede olvidar de que comen gracias a gente como nosotros, a la gente de campo."
El acceso a El Cresal se realiza a través de un desvío en la carretera hacia Taganana, con una cadena que restringe el paso a vehículos ajenos, gestionada por los propios vecinos. A pesar de las dificultades, los residentes valoran la tranquilidad y la belleza del entorno, pero insisten en la necesidad de que el Ayuntamiento de Santa Cruz atienda sus demandas de servicios esenciales para asegurar el futuro del caserío.




