La voz gitana en Canarias: Josefa Fernández y su familia rompen estigmas en Tenerife
La activista Josefa Fernández, junto a sus hijos Pilar y José Heredia, lidera la lucha por la visibilidad y los derechos del pueblo romaní en la isla.
Por Redacción La Voz Canaria
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Imagen genérica de un micrófono en un podio, simbolizando la voz y la expresión.
La historia del pueblo gitano en Canarias se visibiliza a través de Josefa Fernández y su familia, quienes desde Tenerife, donde residen más de 3.000 personas, luchan contra estigmas y estereotipos.
A menudo, la narrativa sobre el pueblo gitano ha sido construida por voces externas, perpetuando tópicos y silencios. Sin embargo, figuras como Josefa Santiago Fernández, José y Pilar Heredia, hermanos, han emergido para contar su propia historia, desafiando una imagen incompleta y a menudo distorsionada. En Tenerife, esta realidad sigue siendo desconocida para muchos.
Josefa Fernández, nacida en Lanzarote y criada en Gran Canaria, es una activista gitana canaria cuya familia llegó al archipiélago el siglo pasado. La represión franquista en la península, que incluía la persecución policial y leyes como la de Vagos y Maleantes, llevó a muchos romaníes a migrar a las islas, consideradas un lugar próspero. Algunos llegaron directamente a Canarias, mientras que otros emigraron a Latinoamérica, especialmente desde Melilla y Málaga.
Actualmente, Tenerife es la isla con mayor presencia gitana, albergando a unas 450 familias, lo que suma más de 3.000 personas. El epicentro de esta comunidad se encuentra en el barrio de La Cuesta en San Cristóbal de La Laguna, aunque también existen núcleos significativos en Añaza y en municipios del sur como Arona y Granadilla de Abona. Josefa, además de su activismo gitano, es una feminista que comenzó su lucha a los 15 años, desafiando roles de género tradicionales dentro y fuera de su comunidad. A los 25 años, obtuvo su licencia de conducir a escondidas, un acto de empoderamiento personal.
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"Desde pequeña sentía dentro de mi corazón que la mujer gitana debía ser algo más que una simple señora que solo tenía que casarse, tener hijos, trabajar y obedecer."
Tras casi cinco décadas de activismo en el barrio de La Cuesta, Josefa dirige la Asociación Romí Camela Nakerar, una entidad que crea redes de apoyo. Su hija, Pilar Heredia, de 45 años, trabaja como mediadora social, sirviendo de puente entre las administraciones y la comunidad romaní. Pilar destaca las dificultades que enfrentan las mujeres gitanas para estudiar y la persistencia de estereotipos externos como las principales barreras actuales.
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"No nos contratan. Tenemos problemas para acceder a una vivienda digna, educación, oficios... La gente piensa que solo vivimos de las ayudas. Si nuestro trabajo es limpiar en una casa, creen que les vamos a robar. Sufrimos para matricular a nuestros hijos en el colegio. Dudan de nuestra inteligencia. No nos quieren en las administraciones. ¿Has visto algún gitano liderando una institución pública? Yo no. Y eso sin contar las etiquetas, los sesgos y los prejuicios."
El incansable trabajo de Josefa fue reconocido el 30 de octubre de 2023, cuando se convirtió en la primera mujer gitana no artista en tener una calle a su nombre, ubicada en una pequeña plaza del barrio de La Candelaria en San Cristóbal de La Laguna. Además, su asociación cuenta con la primera oficina en España dedicada a la atención de la familia y mujer romaní.
El hijo de Josefa, José Heredia, de 43 años, ha heredado el espíritu de lucha de su madre. Lidera el único festival flamenco gitano de Canarias, un evento que comenzó como una idea familiar hace 14 años y que ahora es un referente nacional. Para José, el flamenco es una forma de activismo y una plataforma para mostrar el talento, la cultura y la identidad gitana. El festival, que se gesta en La Laguna, se expande por todo el archipiélago, llevando las raíces gitanas a cada rincón de Canarias a través de giras, talleres y charlas.
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"Como nuestra lengua estaba prohibida, la voz era nuestra forma de expresarnos."
La historia del pueblo gitano en Canarias se remonta al menos a 1629, con el registro de María de Gracia, conocida como María La Gitana, procesada por “prácticas supersticiosas” en La Palma. Estas historias, junto con la lucha de la familia Fernández-Heredia, resaltan el verdadero sentido del Día Internacional del Pueblo Gitano, celebrado cada 8 de abril, para visibilizar una cultura rica y diversa que desafía los estigmas persistentes.