Los ensayos clínicos recientes sugieren un potencial terapéutico para sustancias como el LSD, la psilocibina o la MDMA en salud mental, siempre bajo administración pautada y controlada por profesionales. Sin embargo, existe escasa información sobre los efectos adversos cuando estas sustancias se consumen fuera de estos ensayos, en lo que se denomina “entornos naturalistas”, a menudo con un uso recreativo o de evasión.
El estudio correlacional de la ULPGC ha analizado las experiencias de más de 1.000 personas que han consumido algún psicodélico. Los datos indican que las experiencias negativas agudas, como paranoia o malestar, pueden persistir o derivar en reacciones adversas aplazadas. El contexto y el motivo del consumo influyen en estas reacciones, y la mezcla con otras sustancias como alcohol, cafeína o cannabis se asocia a una mayor incidencia de efectos no deseados.
Este trabajo ofrece un análisis integral a gran escala de las reacciones adversas fuera de entornos controlados, mapeando variables de contexto y combinaciones de sustancias. La información recopilada servirá de base para diseñar estrategias de reducción de daños, guías de integración psicológica y pautas de prevención más precisas, especialmente valiosas ante el auge de retiros naturalistas en Canarias.
Luis Alberto Henríquez Hernández, uno de los investigadores, señala que “este estudio demuestra que el contexto, las expectativas y el estado mental previo son cruciales al abordar el uso de psicodélicos fuera de las clínicas. Identificar qué factores se asocian con malas experiencias nos permite aportar ciencia real para reducir riesgos y proteger la salud mental de las personas”.
Los resultados de esta investigación, que forma parte de la tesis doctoral de Jaime Rojas Hernández, han sido recogidos por la revista Psychiatry Research. Junto a ellos, firman el estudio Angelo Santana del Pino, Lucas F. Borkel y Domingo Quintana.




