Por las calles de Puerto de la Cruz, La Orotava, El Sauzal, Santa Úrsula (su municipio de acogida en Tenerife), Santa Cruz, el sur tinerfeño y el resto de las islas, se puede encontrar a Hilario. A sus 73 años, este argentino afincado en Santa Úrsula desde 1999 se presenta como “el último afilador de Canarias”, un título que la gente le confirma al no encontrar a nadie más que ejerza este oficio.
Hilario complementa su pensión no contributiva española con esta actividad, un oficio casi perdido en una sociedad que prefiere comprar objetos nuevos antes que repararlos. Aunque no se ha hecho rico, reconoce que todavía existe mercado y poca competencia, lo que le permite obtener réditos. Deja claro que si algún día deja de afilar, será porque ya no estará en este mundo.
Tras una visita vacacional en 1998, su traslado definitivo a Tenerife se precipitó en 1999 debido a la crisis económica en Argentina. No guarda buen recuerdo de los políticos argentinos de la época, como Fernando de la Rúa y Alfonsín, a quienes culpa de haberle “robado todo” con la devaluación monetaria.
Dejó en Argentina a cinco hijos y su actividad como agricultor, ganadero y asador de carne. Su llegada a Canarias coincidió casi con la presencia de su primo hermano, el futbolista Bruno Marioni, quien jugó en el CD Tenerife entre 2000 y 2003. Hilario decidió no contactarle para evitar que pensara que se aprovechaba de su fama.
Tras mudarse a Santa Úrsula, se dedicó a limpiar zapatos y luego a arreglar calzado en una tienda en La Orotava hasta su jubilación. Ahora, desde hace ocho años, ha retomado el oficio de afilador, aprovechando su experiencia argentina. Recorre las islas con la furgoneta camperizada de su mujer, ofreciendo sus servicios para cuchillos, navajas, tijeras de peluquería y otras herramientas, además de colocar herrajes a caballos.
Él mismo adaptó su bicicleta para poder girar la piedra de afilar, un invento que le da vida y le permite hacer ejercicio y conversar con la gente. Lamenta la desaparición de otros afiladores y subraya la necesidad de su oficio mientras la gente siga cocinando y utilizando herramientas de corte.
Hace unos quince años, Hilario sufrió un grave accidente en una ferretería al caerle encima una plancha de cartón piedra, lo que le provocó la rotura de nariz, pérdida de dientes y afectaciones en un brazo y un hombro.
Su pasión por el FC Barcelona es notoria, reflejada en su bicicleta y su vestimenta. Se hizo aficionado culé al llegar a Canarias, influenciado por el fichaje de Riquelme y el consejo de un amigo de no ser del Real Madrid. A pesar de que su barcelonismo a veces le resta clientes madridistas, no le importa, llegando a rechazar afilar sus cuchillos.
Lleva 55 años usando la misma boina, un accesorio que adoptó por influencia de los vascos con los que se crio en Argentina. Al final de la conversación, Hilario recita un extenso poema que evoca sus raíces y su espíritu trabajador.




