En municipios de medianía como Santa Brígida, donde las condiciones climáticas cambian rápidamente y la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) carece de estaciones propias, la labor de ciudadanos como Carlos Hernández es fundamental. Durante 50 años, este vecino ha mantenido una constancia admirable registrando temperaturas, humedad y precipitaciones desde su finca.
Hernández inició su colaboración de forma altruista, motivado por ayudar a conocidos y por la disponibilidad de su finca para instalar una estación meteorológica. Lo que comenzó como una ayuda puntual se ha convertido en una rutina casi inalterable: observar, anotar y enviar los datos.
Su estación cuenta con instrumentos tradicionales como termómetros, pluviómetros y un termohidrógrafo, que mide continuamente la temperatura y la humedad. Diariamente, anota las temperaturas máximas y mínimas, y mide las precipitaciones vertiendo el agua recogida en una probeta graduada.
Los datos se envían a la Aemet mensualmente, a menos que ocurra una situación meteorológica extrema. Hernández recuerda cómo la sede de la agencia ha cambiado de ubicación y cómo el servicio meteorológico dependía antiguamente del Ejército del Aire, entidad que le propuso inicialmente la labor ante la ausencia de estaciones en la zona.
Como agricultor, el conocimiento meteorológico le ha sido de gran utilidad para prever plagas y gestionar mejor sus cultivos. Incluso cuando no puede acudir a su finca, los instrumentos automáticos siguen registrando la información necesaria.
José Antonio Monreal, técnico superior de Meteorología de la Aemet en Canarias, destaca la importancia de estos colaboradores. Subraya que, aunque existen estaciones automáticas, las estaciones climatológicas tradicionales como la de Hernández son vitales en zonas sin cobertura, manteniendo viva una red humana de unos 200 colaboradores en el Archipiélago.




