La petición surge tras el reciente acuerdo unánime alcanzado en el Ayuntamiento de Telde, donde diversas asociaciones vecinales han solicitado que se priorice la protección de este conjunto arquitectónico. El inmueble, que data de finales del siglo XVI, es considerado uno de los exponentes más relevantes de la arquitectura rural y la memoria histórica de Gran Canaria.
El edificio, vinculado históricamente a la producción de azúcar y vino, ha sido objeto de múltiples declaraciones institucionales en la última década que, hasta la fecha, no se han traducido en intervenciones efectivas. Informes técnicos previos ya alertaban sobre el deterioro progresivo de la estructura, lo que ha motivado la movilización ciudadana para evitar su pérdida definitiva.
“"Corresponde después de este pronunciamiento institucional que las administraciones aúnen esfuerzos para definir las intervenciones a realizar en este bien patrimonial y conseguir la financiación que haga realidad la protección y rehabilitación de este baluarte del Valle de Jinámar."
La propuesta actual busca no solo la restauración física del edificio, sino también su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) y su integración en una red de uso público y cultural. El objetivo es que el Ayuntamiento de Telde, el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias colaboren para salvaguardar este legado que representa cuatro siglos de historia agrícola y social de la isla.




