La investigación, publicada en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ofrece nuevas perspectivas sobre el comportamiento de estas diminutas partículas en el océano, desafiando concepciones previas sobre su distribución.
“"Tenemos microplásticos de baja densidad, que deberían flotar, a cualquier profundidad, incluso a más de mil metros. Al ser tan pequeños, de menos de 200 micras, la flotabilidad deja de ser un factor determinante."
El trabajo subraya dos conclusiones principales: la existencia de microplásticos en zonas oceánicas remotas y profundas, y su prolongada permanencia en el medio marino. Estos fragmentos, muchos de ellos por debajo de las 200 micras, pueden recorrer grandes distancias y sufrir transformaciones químicas con el tiempo. La alta oxidación de estos compuestos sugiere que han permanecido en el océano durante un largo periodo, sometidos a procesos de degradación.
La recolección de muestras se llevó a cabo durante campañas oceanográficas a bordo del buque Ángeles Alvariño, en colaboración con el Instituto Español de Oceanografía y la Universidad de La Laguna. Para cada muestra, se filtraron más de 50 litros de agua a diferentes profundidades.
Contrario a la creencia de que los microplásticos se concentran en la superficie, el estudio revela una distribución más compleja, con picos de concentración a unos 150 metros y alrededor de los 1.100 metros. La acumulación a 150 metros se produce al final de la capa de mezcla superficial, mientras que a 1.100 metros influye la llegada de masas de agua más contaminadas procedentes del Mediterráneo.
Un hallazgo notable es la presencia de plásticos 'flotantes' como el polietileno o el polipropileno a grandes profundidades, lo que indica que la distribución no depende únicamente de la densidad del material, sino también de factores como las corrientes, los remolinos oceánicos y la degradación. El estudio también detectó una presencia constante de fibras microscópicas, provenientes de ropa o redes de pesca, en toda la columna de agua, con concentraciones que oscilan entre 1 y 6 fibras por litro.
A mayor profundidad, se observó un grado de degradación más avanzado en algunos materiales, dificultando su identificación. Este proceso refuerza la idea de que los microplásticos persisten en el océano, transformándose químicamente y manteniéndose en suspensión a diversas profundidades, en lugar de depositarse en el fondo marino.
Los resultados confirman que la contaminación por microplásticos es un fenómeno global, influenciado por corrientes oceánicas como el giro subtropical del Atlántico Norte y la llegada de masas de agua de otras regiones. Incluso en zonas alejadas de la costa canaria, estas partículas están presentes, lo que subraya que los microplásticos han colonizado prácticamente todo el océano, incluso en sus partes más invisibles.




