El bar Hermanos García, un bastión de la tradición en el cambiante barrio de Guanarteme

Este establecimiento familiar, con más de cinco décadas de historia, resiste la gentrificación en Las Palmas de Gran Canaria manteniendo su esencia culinaria.

Imagen genérica de un bar tradicional en Las Palmas de Gran Canaria, con barra de madera y ambiente acogedor.
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Imagen genérica de un bar tradicional en Las Palmas de Gran Canaria, con barra de madera y ambiente acogedor.

El emblemático bar restaurante Hermanos García, con más de cinco décadas de trayectoria, se erige como un símbolo de resistencia cultural y culinaria en el barrio de Guanarteme, en Las Palmas de Gran Canaria, frente a la creciente gentrificación y transformación urbana.

Fundado en 1966 por Andrés García, este negocio familiar comenzó su andadura en la antigua Junta de Obras del Puerto, expandiéndose posteriormente con varios locales por la ciudad. La familia, originaria de Moya y compuesta por ocho hermanos, fue pionera en la elaboración de comidas caseras en la zona.
En 1980, uno de los hermanos, Santiago García, abrió el establecimiento en la calle Fernando Guanarteme, ofreciendo auténtica cocina canaria a trabajadores y residentes. Actualmente, la dirección del local de Guanarteme está a cargo de la hija de Santiago, quien ha heredado el legado y la pasión por el negocio.

"Mi padre no cerró porque esto era toda su vida y yo sigo aquí porque también lo siento así."

la actual responsable del establecimiento
La responsable del bar rememora con nostalgia una época en la que el barrio albergaba numerosas empresas, como la antigua Fosforera y diversas factorías de pescado y talleres. Destaca cómo el paisaje urbano ha evolucionado, adaptándose el negocio a los nuevos tiempos sin perder su identidad.
El cambio en Guanarteme se hizo más evidente a partir de 2010, coincidiendo con la crisis de la construcción y el auge urbanístico, que incluyó la creación del centro comercial Las Arenas. A pesar de las dificultades, el establecimiento ha logrado mantenerse a flote, adaptándose a una clientela que ha pasado de ser principalmente obreros y taxistas a incluir a los nuevos vecinos y turistas.
La clave de su éxito reside en la continuidad de la tradición de comida casera, un pilar fundamental desde los inicios. La promoción del consumo local y las recomendaciones de escuelas de surf y alojamientos vacacionales han contribuido a que el bar siga siendo un punto de encuentro donde residentes y visitantes pueden experimentar la auténtica esencia del barrio.