Edificios emblemáticos como el Castillo de San Francisco, las Baterías de San Juan, la Casa del Niño y las Cuevas de los Canarios presentan muros desmoronándose, acumulación de basura, actos vandálicos y ocupación sin control. La declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) no parece garantizar su preservación, dejando a la vista la desidia institucional y el paso del tiempo.
La capital grancanaria cuenta con 31 lugares declarados BIC, pero un grupo significativo de ellos se encuentra en un estado de conservación deficiente. El Castillo de San Francisco, del siglo XVII y BIC desde 1949, adquirido por el Ayuntamiento en 2004, muestra graves desperfectos tras dos décadas de escasa intervención. Aunque se han realizado limpiezas y estudios preliminares, tareas de redescubrimiento, como la localización de anclajes de obuses, aún están pendientes.
Las Baterías de San Juan y Mesas de San Juan, construidas durante la Guerra de Cuba y declaradas BIC en 2018, también sufren un grave deterioro. Este complejo defensivo, complementario al Castillo de San Francisco, fue ampliado durante la II Guerra Mundial. Tras décadas de abandono, presenta muros caídos, grafitis y es utilizado para fiestas y motocross. El Ayuntamiento ha destinado un millón de euros para su conservación y realizó una limpieza integral en 2020, retirando toneladas de residuos, pero la fortaleza sigue desmoronándose.
La Punta de Diamante, declarada BIC en 1997 y en proceso de restauración desde 2018 para convertirla en mirador, también sufre el impacto de la basura y grafitis. El proyecto, retrasado por la compra de terrenos adyacentes, está a la espera de licitación. Por su parte, la Casa del Niño, obra cumbre racionalista de Miguel Martín Fernández de la Torre y BIC desde 2017, se desmorona a pesar de su máxima protección. Abandonada desde los años 90, presenta carpinterías desaparecidas, basura e incendios, y es utilizada por personas sin hogar.
Los enclaves prehispánicos tampoco escapan a esta situación. Las Cuevas de los Canarios, en El Confital, han sido desalojadas en varias ocasiones. Las verjas colocadas por el Cabildo para impedir el acceso han sido forzadas, y el espacio es utilizado por personas sin hogar y para acumular basura. Las cuevas de San Gregorio, en Ciudad del Campo, también muestran un estado descuidado, con el techo del granero derrumbado en 2022 y proyectos de rehabilitación pendientes en el Ayuntamiento.




