La tradición de las pelotas de garepas de platanera, con las que los niños jugaban al fútbol en tiempos de escasez, ha sido recuperada en Arucas. Un carpintero local, conocido por su apodo, ha revivido esta práctica olvidada en su taller de El Puertillo, contando con la guía de su maestro.
“"Una persona me pidió que si le hacía una pelota con las hojas de platanera porque yo soy muy mañoso, pero yo no lo había hecho nunca. Esa conversación la escuchó Armando y me dijo que él me enseñaba, si traía el material."
El proceso de aprendizaje comenzó hace un par de meses, impulsado por el interés en esta artesanía. El maestro, de 84 años, recuerda que “antes todo el mundo sabía hacer estas pelotas, porque no había otra forma para poder jugar; solo podíamos comprarlas de segunda mano del Arucas por 30 duros, que era un montón de dinero en la época”.
El taller del carpintero, ahora convertido en un pequeño museo tras su jubilación, alberga objetos antiguos como botas de fútbol de hace 55 años, un crucifijo centenario y numerosas fotografías, incluyendo una de un amigo marinero que salvó a muchas personas en la costa de Arucas. En este espacio, el artesano ha aplicado mejoras a la técnica tradicional, como el uso de corcho de flotador de depósito de agua como base interior para lograr una forma más redonda y tiras mejor elaboradas. Anteriormente, se utilizaban las cascarillas de las manos de las plataneras.
La elaboración de estas pelotas implica cortar tallos de platanera, abrir las hojas y dejar secar las garepas al sol durante 10 días. Posteriormente, se confecciona la pelota forrando el corcho con las tiras, una a la derecha y otra a la izquierda, y se remata con una verguilla mojada para compactarla. Además, el carpintero impregna el exterior con aceite de linaza para aumentar su durabilidad y mejorar su aspecto estético. Este artesano jubilado, de 74 años, dedica aproximadamente una hora a la elaboración de cada pelota, utilizando unas 20 tiras de platanera.
La singularidad de estas creaciones ha llamado la atención. Un vecino de El Puertillo regaló una de estas pelotas a un entrenador de fútbol de Bilbao, quien quedó sorprendido. El artesano también ha entregado dos a un director de Captación y Formación de la Unión Deportiva Las Palmas, quien las utiliza para ilustrar el fútbol antiguo en sus charlas. A pesar de su fragilidad original, el carpintero cree que el corcho es el secreto para mejorar la resistencia de estas pelotas.




