El Pontífice puso fin a su viaje apostólico en Tenerife, remarcando la "vocación a la acogida" de las Canarias, archipiélago que ha sido testigo de décadas de inmigración. Durante su estancia, visitó un centro de acogida para extranjeros y mantuvo un encuentro con migrantes antes de presidir una misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife.
Ante unos 40.000 fieles, el Papa celebró la posición de las Canarias "en el centro de las rutas migratorias", calificando las migraciones como una "ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos". Esta idea ya la había expresado previamente en el centro de acogida Las Raíces de La Laguna.
En sus últimas horas en España, el Papa Robert Prevost, quien confirmó que esta visita abre una nueva etapa en su pontificado, mostró una mayor espontaneidad y calidez en el contacto con las personas. Visitó el centro Las Raíces, saludando a unos 600 migrantes y entrando en sus alojamientos, donde una niña le tomó la cruz pectoral mientras él sonreía.
En la plaza del Cristo de La Laguna, el Papa empatizó con testimonios sobre integración migratoria, amenizados con música africana y peruana. "Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria", afirmó, añadiendo que la solidaridad "supera toda concesión secundaria o simple obra de filantropía".
La acogida, insistió, «abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro».
Entre los testimonios, Mbacke, un joven senegalés que llegó como menor no acompañado, pidió al Papa que "siga recordando al mundo que detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza, y una vida que merece una oportunidad". Posteriormente, Khalid Allad, de origen marroquí, relató su difícil viaje en patera y cómo su padre le prohibió intentarlo de nuevo tras una tragedia, aunque él lo hizo y rehízo su vida en las Canarias.




