En San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, descrita como una "ciudad sin murallas", el papa León XIV dedicó su última jornada en España a escuchar las experiencias de quienes trabajan por la acogida digna y la inclusión de la población migrante que llega a las Canarias.
El pontífice subrayó la importancia de la inclusión, refiriéndose a La Laguna como una ciudad abierta, libre de las barreras físicas y también de aquellas construidas por la "mirada, el miedo o la indiferencia" hacia los recién llegados.
El papa calificó de "naufragio silencioso" la situación de quienes se encuentran solos en una ciudad, sin apoyo, idioma o trabajo, expuestos a la vulnerabilidad.
En la plaza del Cristo, ante unas 2.400 personas, muchas de ellas migrantes, intervinieron personas comprometidas con esta causa. Entre ellas, el sacerdote venezolano Darwin Rivasel, quien ejerce en La Restinga (El Hierro), relató sus siete años de experiencia aplicando los verbos de Papa Francisco: "acoger, proteger, promover e integrar".
“"Vale la pena seguir ayudando y que los cristianos reconozcan en los que llegan la carne sufriente de Cristo."
También compartieron sus vivencias una mujer colombiana, un joven de Marruecos y otro de Senegal, quienes tras superar grandes dificultades lograron reconstruir sus vidas en las Canarias. Agradecieron al papa su presencia y su atención a sus historias.
Khalid Allad, migrante marroquí de 24 años, relató su segundo intento de llegar a las Canarias en 2020 tras un primer naufragio, y cómo la ayuda de la Iglesia le permitió obtener trabajo, residencia y una nueva vida, a pesar de la prohibición paterna.
“"Muchas gracias, Santo Padre, su presencia hoy es un ejemplo más para mí de que los cristianos se preocupan por las personas migrantes como yo."
Mbacke, joven senegalés, expresó su gratitud por el apoyo recibido en la Fundación El Buen Samaritano, donde encontró "respeto, paciencia" y el mensaje de que "tú vales, tú puedes". Pidió no olvidar que "detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza, y una vida que merece una oportunidad".
“"Gracias por no mirar hacia otro lado y por recibir a jóvenes como yo."
Thalia Johana Saldarriaga Diago, de Colombia, explicó cómo llegó a España con la esperanza de una vida mejor, y cómo, a pesar de encontrarse sin recursos, el apoyo de organizaciones le brindó "un techo, una oportunidad de ser acogida, de esperanza y de recuperar la dignidad".
Actualmente, participa como voluntaria, sintiendo que su experiencia puede servir de puente para otras personas en situaciones similares.
Durante el acto en La Laguna, el papa también escuchó música tradicional peruana interpretada por la comunidad residente en la isla. Posteriormente, se dirigió al Obispado de la Diócesis Nivariense antes de la misa de despedida en Santa Cruz de Tenerife.




