El 'cansancio estival': por qué las vacaciones pueden agotar más que descansar

Estudios revelan que el cuerpo, acostumbrado al estrés crónico, colapsa al relajarse, generando una fatiga que ni el descanso vacacional alivia.

Imagen genérica de una persona agotada en una tumbona en la playa, con el mar al fondo.
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Imagen genérica de una persona agotada en una tumbona en la playa, con el mar al fondo.

El estrés acumulado durante el año puede provocar el llamado 'cansancio estival', una fatiga que aparece en vacaciones a pesar del descanso, afectando a un 60% de los adultos.

La llegada del verano y las vacaciones no siempre traen el alivio esperado. Para muchas personas, el fin de la rutina laboral da paso a una paradoja agotadora: sentirse cansado a pesar de tener tiempo para descansar. Este fenómeno, conocido como cansancio estival, es una manifestación directa de la acumulación de estrés crónico y la sobrecarga del sistema nervioso. Los síntomas incluyen fatiga persistente, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y una sensación general de agotamiento que no mejora con el descanso.
Estudios europeos indican que hasta un 60% de los adultos experimenta fatiga durante sus vacaciones. El cuerpo, liberado de las obligaciones diarias, parece incapaz de recuperar la energía, evidenciando cómo el estrés se ha anclado en el organismo. El exceso de cortisol, la hormona del estrés, es más perjudicial de lo que se cree.
El psicólogo José Rivero explica que el problema radica en que "nuestro cuerpo se acostumbra a funcionar a un nivel muy elevado" debido a las exigencias de la vida moderna. Durante los meses de trabajo, el organismo segrega constantemente altos niveles de cortisol y adrenalina. Al llegar las vacaciones y relajarnos, la producción de estas sustancias disminuye drásticamente, lo que desenmascara el agotamiento acumulado y aflora el 'cansancio emocional'.
Rivero compara el cuerpo con una máquina que colapsa si se para de repente. Este cambio implica pasar del sistema nervioso simpático (acción) al parasimpático (descanso). Tras meses funcionando al máximo, este cambio abrupto genera una desestabilización que se traduce en profunda fatiga. A menudo, este colapso físico deriva en malestar psicológico, creando un círculo vicioso de pensamientos negativos, estrés y ansiedad.
La hiperconexión digital y la presión social por ser productivos son obstáculos para la recuperación. Los teléfonos móviles y redes sociales mantienen al cerebro en alerta, impidiendo una desconexión real. Además, intentar ser productivo desde el primer día de vacaciones, realizando trámites pendientes, impide que el sistema nervioso inicie su proceso de recuperación.
Para unas vacaciones reparadoras, José Rivero recomienda empezar con un periodo de inactividad total. "Yo recomendaría lo primero de esa semana de no hacer nada", afirma. Es crucial escuchar al cuerpo y aceptar el 'bajón' de energía como algo natural. Si pide dormir 10 horas, hay que hacerlo. Para quienes planean viajes activos, es mejor descansar primero para que el cerebro entre en 'modo vacacional' y el viaje se disfrute desde el ocio, no desde el estrés.
Esta estrategia previene la mal llamada 'depresión posvacacional', que no es una depresión clínica sino la consecuencia de un agotamiento brutal tras unas vacaciones no reparadoras. Priorizar el descanso desde el primer día es clave para recargar las pilas.