El servicio ha sido distinguido por su modelo asistencial, que prioriza el bienestar de pacientes y familias, el trabajo interdisciplinar y los cuidados al final de la vida. Pacientes como Eduardo Martínez destacan el «apoyo y sustento tanto físico como emocional» recibido, calificando la unidad como «casa» durante su estancia y resaltando la continuidad en el control y prevención de patologías asociadas a la lesión.
La consejera de Sanidad de Canarias, Esther Monzón, subrayó que este logro es fruto de más de 26 años de trabajo continuo y mejora. La unidad cumple el 90% de los 145 estándares del programa de certificación, que evalúa nueve líneas estratégicas. Este reconocimiento sitúa al servicio como pionero en España y tercero a nivel mundial en buenas prácticas de humanización, equiparando la calidad humana a la clínica.
Desde su creación en el año 2000, la unidad ha atendido a cerca de 1.250 pacientes. Incorpora tecnologías como el exoesqueleto robótico, la realidad virtual y sistemas avanzados de electroestimulación, demostrando que «la innovación y la humanización no son conceptos opuestos, sino complementarios», según Monzón.
El responsable del servicio, José Luis Méndez, y el director gerente del Complejo Hospitalario Universitario Insular-Materno Infantil, José Blanco, elogiaron el «esfuerzo colectivo» del equipo de 62 personas, destacando su labor para que los pacientes se sientan «más seguros, más a gusto» y confíen en sus herramientas para afrontar la vida tras la lesión.
Javier Lantigua, director de Aenor en Canarias, y José Manuel Velasco, coordinador de Certificaciones de Proyecto HU-CI, valoraron el «esfuerzo colectivo» y la conversión de la «utopía» de la humanización en realidad.
La unidad continúa atendiendo a personas con lesiones medulares causadas frecuentemente por accidentes de tráfico, caídas en el hogar, especialmente en personas mayores, y zambullidas en playas y piscinas sin conocer la profundidad, que pueden provocar lesiones irreversibles.




