Este episodio sísmico, que ya es el más extenso de su tipo observado en la isla, se caracteriza por señales de amplitud reducida, aunque durante algunos intervalos se han llegado a contabilizar más de 300 eventos por hora. La actividad se concentra en el sector suroccidental de la caldera, a unos diez kilómetros de profundidad.
A diferencia de los terremotos volcano-tectónicos, que se originan por la fracturación de rocas, los eventos híbridos están vinculados al movimiento de fluidos hidrotermales a alta presión y temperatura que circulan por las fracturas del edificio volcánico. Involcan señala que estas fluctuaciones son parte del comportamiento normal de un sistema volcánico activo.
Este es el decimoquinto enjambre de eventos híbridos detectado en Tenerife desde octubre de 2016. Los científicos atribuyen el incremento de la sismicidad al movimiento de fluidos hidrotermales en el interior del sistema volcánico, liberados desde zonas profundas y generando las señales registradas durante su ascenso.
A pesar del elevado número de señales, Involcan recalca que la información disponible no modifica la probabilidad de una erupción volcánica a corto o medio plazo, la cual continúa siendo baja. Antes de un posible proceso eruptivo, se esperaría observar un aumento significativo de terremotos volcano-tectónicos, migración de hipocentros, deformación del terreno y cambios en la composición de los gases volcánicos, circunstancias que no se presentan en este episodio.




