Caminos prehispánicos de Canarias: la trashumancia salvó más de 300 rutas históricas

La actividad ganadera tradicional ha sido clave para la conservación de una extensa red de senderos ancestrales en el archipiélago.

Imagen de un camino histórico en las Islas Canarias, con piedras y vegetación volcánica.
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Imagen de un camino histórico en las Islas Canarias, con piedras y vegetación volcánica.

La trashumancia, una práctica ganadera ancestral, ha sido fundamental para la supervivencia de más de 300 caminos prehispánicos en las Islas Canarias, conservando un valioso patrimonio histórico y cultural.

Las rutas tradicionales utilizadas para el tránsito de ganado, conocidas como vías pecuarias, han permitido que en las Islas Canarias, al igual que en otras partes del mundo, se mantengan caminos con siglos de antigüedad. En el archipiélago, la ganadería, especialmente la trashumancia, ha desempeñado un papel crucial en la preservación de una red de senderos que, en el siglo XIX, se estimaba en 357 caminos públicos con una extensión total de 2.231 kilómetros, según datos del Boletín Oficial de la Provincia de Canarias de abril de 1868, citados en una tesis doctoral.
Desde la época aborigen, la necesidad de trasladar el ganado entre las zonas costeras y las medianías, donde se ubicaban los asentamientos permanentes, y los pastos de altura, propició una trashumancia estacional, particularmente en el norte de La Palma. Estos mismos senderos fueron transitados por los pastores en épocas posteriores. Los actuales caminos que conducen al borde de la Caldera de Taburiente son los mismos que los de la era aborigen, como lo demuestran los vestigios de asentamientos pastoriles utilizados en primavera y verano, ya que las bajas temperaturas invernales hacían inviable la vida en las cumbres.
Un fenómeno similar se observó en Tenerife, donde las comarcas del sur y el oeste eran frecuentadas por los antiguos pobladores que ascendían con sus rebaños a las Cañadas del Teide al finalizar el invierno. Estos caminos están salpicados de numerosas estaciones rupestres. Las veredas prehispánicas se han integrado en la actual red de senderos de la isla.
En Gran Canaria, el Paso de La Plata, un tramo de casi diez kilómetros con 700 metros de camino de herradura empedrado, es considerado una obra de ingeniería caminera excepcional. Ejecutado a finales del siglo XIX, revolucionó las comunicaciones entre el norte y el sur de la isla, acortando la ruta de trashumancia entre Gáldar y Tunte. Hoy en día, la ultramaratón Transgrancanaria discurre por esta histórica vía.
En El Hierro, la tradicional Bajada de la Virgen de los Reyes, una de las romerías más emblemáticas de Canarias, se realiza por caminos rurales directamente vinculados al pastoreo trashumante. Estos caminos, que parten hacia la cumbre desde el norte y el sur, eran utilizados por los pastores y sus familias para trasladarse a La Dehesa, un territorio comunal donde se encuentra el santuario de la patrona, buscando alivio y refugio en verano.
La Gomera destaca como referente internacional en senderismo. Sus caminos, originados por los primeros colonos, han sido adaptados para el turismo europeo. Investigaciones arqueológicas y antropológicas sugieren un vínculo entre los asentamientos indígenas y los caminos tradicionales que conectaban puntos clave de la isla, muchos de los cuales se superponen con senderos prehispánicos. Se plantea la posibilidad de diseñar una ruta circular que conecte caseríos históricos con el Parque Nacional de Garajonay, aprovechando estas antiguas vías.
Fuerteventura, con la mayor cabaña de cabras del archipiélago en la época prehispánica y en la actualidad, también posee una red de caminos ligada a la ganadería. La movilidad estacional de los pastores era fundamental para la sostenibilidad del modelo ganadero aborigen. Tras la conquista, los conflictos entre ganaderos y agricultores por el uso del territorio fueron constantes, regulándose el tránsito de rebaños para evitar daños a la agricultura. Una particularidad de Fuerteventura es la presencia de mujeres pastoras.
Finalmente, Lanzarote, a pesar de su menor tamaño y las veredas sepultadas por la erupción de Timanfaya, conserva un número significativo de caminos, principalmente en sus llanuras centrales. Estas vías pecuarias, de poca pendiente y bajo mantenimiento, eran transitadas no solo por cabras, sino también por dromedarios.
Las investigaciones resaltan que el patrimonio caminero del archipiélago estaba intrínsecamente ligado al comercio interior y a la trashumancia, reconocida hoy como itinerario cultural. Actualmente, el senderismo es la principal garantía para su pervivencia, haciendo que la conservación y protección de estos caminos sea esencial para preservar un legado sobresaliente de la Historia de Canarias.