La reciente intervención de la Guardia Civil en Santa Cruz de Tenerife ha puesto de manifiesto la creciente presencia del rosin de cannabis en el mercado ilegal. Este hallazgo se produjo durante la Operación Hermit, que desmanteló una instalación dedicada al cultivo intensivo y procesamiento de derivados del cannabis.
El rosin de cannabis es un concentrado que se obtiene aplicando calor y presión a cogollos de marihuana o hachís. A diferencia de otros derivados, no utiliza disolventes químicos, lo que ha generado una percepción errónea de ser un producto más seguro. Sin embargo, esta aparente pureza es uno de sus mayores peligros, ya que el resultado es una resina con una concentración extremadamente alta de Tetrahidrocannabinol (THC), el principal componente psicoactivo.
Mientras que la marihuana convencional suele contener niveles mucho más bajos, el rosin puede alcanzar concentraciones cercanas al 80% o incluso el 90%, lo que multiplica sus efectos sobre el organismo.
Durante el operativo en Tenerife, los agentes encontraron equipos especializados para la producción de este concentrado, como prensas que aplican calor y presión controlados. Este método, que evita el uso de químicos peligrosos como el butano, ha facilitado su expansión en el mercado ilegal, especialmente entre jóvenes que buscan alternativas aparentemente menos nocivas. No obstante, las autoridades advierten que esta percepción es engañosa, ya que el aumento de potencia del rosin conlleva efectos mucho más intensos y potencialmente peligrosos.
El consumo de rosin, generalmente mediante vaporización o dabbing, provoca una reacción rápida e intensa en el organismo. Los efectos incluyen euforia, alteración de la percepción sensorial, desorientación y dificultades cognitivas como problemas de concentración y coordinación motora. La principal preocupación es su impacto en la salud mental, ya que su alta concentración de THC puede desencadenar episodios psicóticos, como paranoia, delirios o alucinaciones, especialmente en personas predispuestas.
Además de los riesgos psicóticos, el rosin también puede provocar complicaciones cardiovasculares debido al aumento brusco de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Otro factor preocupante es la rápida generación de tolerancia, que lleva a un incremento progresivo de las dosis y eleva el riesgo de dependencia.
La operación en Santa Cruz de Tenerife ha revelado que la isla no solo es un punto de consumo, sino también un centro de producción y transformación de drogas de alta potencia. La presencia de derivados como el rosin y siropes de cannabis indica una sofisticación creciente en las redes de narcotráfico, que buscan captar a un público que demanda efectos más intensos y rápidos. Esta elaboración local facilita su distribución en el mercado insular, consolidando un circuito que preocupa a las autoridades sanitarias y policiales.




