La divulgación de la situación del dialecto canario busca reforzar la confianza de sus hablantes y combatir prejuicios arraigados. A pesar de su actual estabilidad y el reconocimiento que recibe fuera de las Islas Canarias, existe una preocupación creciente por la desaparición de lenguas y dialectos en todo el mundo.
Un reciente reportaje de El País, publicado el 28 de marzo de 2026, alertaba sobre la extinción de más de un centenar de lenguas solo en Europa, y el grave peligro que corren otras como el mócheno, hablado por apenas un millar de personas en una localidad de la provincia italiana de Trento. Este panorama genera interrogantes sobre la distinción entre lengua y dialecto, un concepto complejo incluso para expertos.
La 'prueba de la intercomunicación' se utiliza a menudo para diferenciar entre dialectos de una misma lengua y lenguas distintas. Si los hablantes de dos modalidades se entienden sin dificultad, se consideran dialectos de la misma lengua (como el canario y el rioplatense respecto al español). Si la comprensión mutua requiere traducción, se trata de lenguas diferentes (como el castellano y el catalán).
El término 'castellano' puede generar confusión debido a su polisemia, refiriéndose tanto a la lengua española en contraste con otras lenguas vernáculas de España (gallego, euskera, catalán) como a la variedad dialectal hablada en el centro-norte peninsular. Junto con otros dialectos españoles y americanos, todos forman parte de la rica diversidad de la lengua española.
La variación dialectal no es exclusiva del español; se observa en todas las lenguas con amplia extensión territorial, como el inglés, que presenta variantes como el británico, americano o australiano. Los hablantes se identifican con los rasgos de su dialecto, que reflejan la cultura y la comunidad más cercana, manteniendo lazos comunes con otros dialectos de la misma lengua.
A pesar de la buena salud actual del dialecto canario, no se deben ignorar los riesgos de una posible disolución de sus peculiaridades. Influencias externas, intencionadas o no, podrían debilitar las fuerzas de cohesión y conducir a una uniformidad lingüística que niega la riqueza cultural de la diversidad.
La evolución del dialecto es innegable, con cambios graduales como el progreso del yeísmo o la aspiración de las eses finales. Sin embargo, la responsabilidad de la posible pérdida de rasgos característicos recae en los propios hablantes si, conscientemente, reniegan de sus peculiaridades en favor de otras consideradas más prestigiosas.
Se propone un test de autoevaluación para que los hablantes canarios reflexionen sobre si han adoptado conscientemente pronunciaciones o usos léxicos de otras variedades del español, como pronunciar la 'z' y la 'c' interdental, usar 'vosotros' en lugar de 'ustedes', o preferir 'patata' y 'autobús' en vez de 'papa' y 'guagua'. Responder afirmativamente a estas preguntas podría indicar una sobrevaloración de otras modalidades y una concepción errónea de lo dialectal, sugiriendo la necesidad de mayores esfuerzos educativos y el ejemplo de instituciones y medios de comunicación.




