“"Deberíamos estar orgullosos de la lenteja majorera porque es la misma que introdujeron los habitantes aborígenes de Fuerteventura (majos). Es decir, es un cultivo que se ha mantenido desde los primeros habitantes de Canarias hasta la actualidad y donde se ha mantenido la lenteja más parecida a las antiguas semillas es en Fuerteventura."
El orgullo de la lenteja majorera: un legado aborigen de 2.000 años
Investigaciones genéticas y arqueológicas confirman que la lenteja de Fuerteventura es la misma que cultivaban los antiguos habitantes de la isla.
Por Gara León Betancourt
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Imagen genérica de lentejas secas sobre una superficie de madera, evocando un contexto arqueológico.
Un estudio genético y arqueológico ha revelado que la lenteja majorera, cultivada en Fuerteventura, es la misma variedad que los aborígenes introdujeron hace 2.000 años, un hallazgo que subraya la importancia de este cultivo en la historia de las Islas Canarias.
La lenteja majorera, un cultivo emblemático de Fuerteventura, ha sido objeto de un profundo estudio que confirma su origen ancestral. Investigaciones genéticas realizadas por la Universidad de Linköping (Suecia) y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) han demostrado que esta variedad es idéntica a la que cultivaban los majos, los antiguos habitantes aborígenes de la isla, hace aproximadamente 2.000 años.
Los genetistas, que analizaron el ADN de lentejas peninsulares, descubrieron que estas conservan entre un 1% y un 3% de la variedad majorera. Este hallazgo sugiere que, a partir de los siglos XVII y XVIII, las lentejas de Fuerteventura y Lanzarote fueron exportadas a la Península Ibérica, dejando una huella genética duradera. La reputación de estas lentejas era tal que incluso hoy en día, algunas variedades cultivadas en Canadá se comercializan como tipo Lanzarote.
Además de las lentejas, los sedimentos del yacimiento arqueológico de la Cueva de Villaverde, en el municipio de La Oliva, han revelado que los majos también cultivaban cebada y trigo duro, este último utilizado para elaborar pasta y cuscús. Complementaban su dieta con la recolección de plantas silvestres como el cosco, el acebuche (olivo silvestre), los frutos del romame (espino blanco) y semillas de retama blanca.
La investigación también ha desmentido algunas creencias populares, como la presencia de palmeras datileras o de olivos en la Fuerteventura preeuropea. Los estudios indican que la palmera datilera no llegó al norte de África hasta la Edad Media, y lo que se ha confundido con olivos son en realidad semillas de acebuche. La llegada de los europeos en el siglo XV introdujo nuevos cultivos, como el millo, que rápidamente se integró en la dieta aborigen, consumiéndose tostado y molido para hacer gofio, siguiendo las tradiciones culinarias locales.



