Nisa Alemán ha relatado en una emisora local que su hermano, Derimán Alemán, quien padecía esquizofrenia y trastorno bipolar, falleció en 2025 después de sufrir dolores intensos durante días sin que se le brindara la asistencia médica requerida. Según su testimonio, el joven se quejaba constantemente de dolores corporales, y otros internos podrían corroborar sus quejas.
La familia sostiene que las cámaras de seguridad del centro penitenciario evidencian el grave estado de salud del recluso. Las imágenes del día de su muerte muestran a Derimán necesitando ayuda para caminar, siendo trasladado finalmente en silla de ruedas. La hermana lamenta que, incluso así, tardaron horas en llevarlo al hospital y que el traslado no se realizó en ambulancia.
Nisa Alemán expresó la impotencia de los familiares ante la falta de recursos para ser escuchados, mencionando que envió numerosos correos electrónicos e intentó contactar sin éxito con la asistenta social. "Lo menos que me imaginaba yo es que iban a dejar morir a mi hermano", confesó con dolor, sintiéndose "ilusa" por haber creído que su hermano estaba más seguro en prisión que en la calle.
La comunicación del fallecimiento a la familia fue descrita como "fría y sin delicadeza", lo que agravó el sufrimiento. Ocho meses después, la familia continúa pidiendo explicaciones y ha realizado una concentración pacífica frente a la prisión, agradeciendo el apoyo recibido.
La hermana de Derimán ha enfatizado que su lucha es por justicia para su hermano y para otras familias con reclusos, denunciando que "pasan muchísimas cosas feas" y que a menudo se vulneran los derechos humanos de los internos porque "nadie se entera de lo que pasa ahí dentro".
La familia espera que la investigación judicial en curso determine las responsabilidades y que "se responsabilice a quien se tenga que responsabilizar". Nisa Alemán concluyó afirmando que no trasladar a tiempo a una persona, no auxiliarla o tardar demasiado en hacerlo, equivale a "dejar morir a una persona", y eso "tiene consecuencias".




