Gran Canaria: Un viaje sensorial por su ruta del vino

Descubriendo la identidad vitivinícola de la isla a través de proyectos innovadores y cooperativos, combinando vino, gastronomía y música.

Viñedos en laderas volcánicas de Gran Canaria con arquitectura tradicional al atardecer.
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Viñedos en laderas volcánicas de Gran Canaria con arquitectura tradicional al atardecer.

Un recorrido guiado por Gran Canaria ha desvelado su riqueza vitivinícola, uniendo tradición e innovación a través de experiencias sensoriales que combinan vino, gastronomía y música.

La iniciativa “Maridaje Gran Canaria: Innovación y cooperación rural”, impulsada por Etnoexperience Canarias, ha reunido a profesionales del sector primario, la restauración y el turismo para explorar la identidad de la isla. El proyecto se inspira en la iniciativa cultural Maridaje, que utiliza el vino, la música y la narrativa sensorial como herramientas divulgativas.
La primera parada tuvo lugar en la Bodega San Juan, en la zona de Bandama. Allí, se conoció el proyecto familiar enoturístico de su propietaria, que incluye viñedos ecológicos de variedades autóctonas canarias y el Museo del Vino. La visita culminó con una cata de su vino Listán Negro de la parcela El Reventón, maridado con quesos canarios.
El itinerario continuó en Camaretas, San Mateo, para conocer los viñedos de Bien de Altura. Situadas a más de mil metros de altitud, estas viñas, lideradas por la sumiller Alba Bernal y el enólogo Carmelo Peña, trabajan variedades centenarias y autóctonas como la Listán Negro y la Listán Prieto. Las degustaciones de sus vinos Ikewen y Elemento transmitieron la esencia del terruño.
La ruta gastronómica llevó a La Solana, al emblemático Bochinche La Montaña. Allí se degustaron especialidades como la garbanzada, el gofio escaldado y el mojo de almendra, acompañadas por los vinos de la casa y dirigidas por Jerónimo Marrero, quien compartió la historia del local.
La última parada fue en Bodegas Bentayga, productora de los vinos Agala. El recorrido por sus instalaciones, ubicadas en un territorio singular, destacó el diseño de su bodega y espacios para eventos. La marca fomenta el enoturismo con experiencias de atardeceres y observación astronómica.
El cierre del itinerario fue una experiencia de maridaje sensorial que unió los vinos Agala Altitud 1318 y Agala Altitud 1190 Dulcelena con composiciones musicales del proyecto Maridaje. Piezas como Vida, Nana, Tierra, Quizá, Ojalá y Lágrima completaron un recorrido interpretativo diseñado para evocar las emociones y paisajes de la vitivinicultura grancanaria.
Este viaje ha revelado una Gran Canaria menos evidente, orgullosa de sus productores que fusionan tradición e innovación. La jornada demostró que el vino de la isla no solo se bebe, sino que también se camina, se escucha, se disfruta y se recuerda.