El incidente se inició tras una alerta de los servicios de emergencia sobre una persona con ideas autolíticas. Antes de la llegada de los agentes, el individuo ya había salido de su domicilio para agredir una ambulancia que acudía a asistirlo, causando daños en una de sus ruedas, para luego volver a refugiarse en la vivienda.
“"Nuestra prioridad al principio es mediar, es decir, intentar de forma dialogante, que la persona deponga cualquier tipo de actitud hostil y agresiva."
Durante aproximadamente una hora, los efectivos policiales intentaron negociar con la persona, incluso con la ayuda de un familiar, para que colaborara y pudiera recibir atención sanitaria sin incidentes. Sin embargo, la mediación no tuvo éxito, lo que llevó a los agentes a acceder al inmueble.
El individuo, descrito como una persona corpulenta, salió al rellano de la vivienda empuñando un hacha de grandes dimensiones y con una actitud altamente agresiva. Ante esta amenaza directa, los agentes se vieron obligados a utilizar un dispositivo electrónico de control, conocido como Taser.
Debido a la complexión del individuo y a que, según se informó, estaba medicado, fue necesario aplicar dos descargas para lograr inmovilizarlo. Tras la intervención, que se prolongó por más de una hora, la persona fue atendida por los servicios sanitarios y trasladada al Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. No se registraron daños graves entre los intervinientes, aunque se activaron refuerzos policiales para asegurar la zona.




