La llegada del papa León XIV a Gran Canaria generó una notable expectación, visible en las imágenes de Arguineguín, Vegueta y Siete Palmas, puntos clave de su visita. Sin embargo, los cortes de tráfico y la suspensión de clases plantearon dudas sobre la actividad en zonas no directamente vinculadas al evento.
En la Playa de Las Canteras, a pesar de los 30 grados, la afluencia era menor de lo habitual. La jornada festiva, aunque esperada por los jóvenes, no se tradujo en calles abarrotadas. Una residente de casi 80 años, Obdulia, lamentó no poder asistir a la misa por problemas de movilidad, pero seguiría el evento por televisión.
La nieta de Obdulia, Hanin, expresó su sorpresa por el gran dispositivo de seguridad, considerándolo desmedido dada la situación económica de España y Canarias, y sugiriendo que los esfuerzos deberían centrarse en la crisis de vivienda.
David, vendedor de cupones de la ONCE, describió el día como "cualquier otro jueves", sin un aumento significativo en la afluencia o las ventas en el paseo marítimo. Su clienta habitual, Ithaisa, mostró indiferencia, considerando el día como uno más con menos gente en las calles y en el transporte público.
Bonifacio, copropietario del Bazar Mallorca, relató una atención más rápida de lo normal en una cita médica en el Hospital Doctor Negrín, atribuyéndolo a la menor afluencia de pacientes debido al tráfico. Si bien respeta la visita papal como posible instrumento de unión, duda de su impacto económico positivo.
Su hijo, Eduardo, mostró una actitud más crítica, expresando el deseo de que la visita concluya pronto y cuestionando la asignación de dos millones de euros del Gobierno de Canarias, además de un millón cada uno del Cabildo de Gran Canaria y del Cabildo de Tenerife, para una visita tan breve, en contraste con la falta de inversión en servicios de dependencia y sanidad.
En contraste con la atención a la visita papal, la familia de Raquel priorizó la celebración del duodécimo cumpleaños de su sobrino Adriel, quien no visitaba la isla en tres años. La reunión familiar en una azotea, con comida y bebida, demostró la importancia de los lazos familiares, facilitada por la cercanía de los miembros y la ausencia de problemas de tráfico para ellos.




