A pesar de no haber sido inaugurado, el carril bici del Barranquillo Don Zoilo presenta una imagen de abandono. Las obras de esta infraestructura han sufrido cuatro prórrogas desde su inicio en septiembre, retrasando la finalización de un proyecto que ya generaba controversia. Aunque su conclusión estaba prevista para el sábado 4 de abril, no se ha anunciado oficialmente su apertura. En la zona, se observó a dos obreros trabajando en un cuadro eléctrico para los reflectores, y aún quedaban metros por pintar. La afluencia de ciclistas es mínima, mientras que los peatones lo utilizan con frecuencia.
“"Normalmente vengo por la acera, pero el resto del tiempo uso el carril para caminar para no tener que dar toda la vuelta."
La tendencia humana a buscar el camino más corto ha llevado a los viandantes a apropiarse del carril bici en algunos tramos, convirtiéndolo en un paso natural. Esta situación podría generar riesgos si ciclistas o usuarios de patinetes circulan a alta velocidad. La vecina Rita González, quien transita diariamente por la calle Párroco Villar Reina, observa cómo muchas personas usan el carril como extensión de la acera, especialmente donde el paso de peatones está alejado. Además, González ha notado un aumento en las retenciones de tráfico desde la creación del carril, lo que la ha llevado a optar por caminar.
La infraestructura muestra señales de descuido, con conos, cintas de obra y una valla caída en algunos tramos. En la avenida Juan XXIII, se han encontrado cuatro medianeras, que separan a los ciclistas de la calzada y proporcionan iluminación, arrancadas y abandonadas en la acera, dejando tornillos expuestos que podrían dañar los neumáticos de los vehículos.
Susana Domínguez, otra residente, transita por la zona a diario y ha constatado la escasa presencia de ciclistas, salvo algún trabajador de reparto ocasional. Considera que en esta parte de la ciudad no existe una cultura ciclista tan arraigada como en Ciudad Baja y opina que el carril para coches debería haberse mantenido, ya que la dificultad para aparcar la obliga a usar el transporte público. Sin embargo, el proyecto ha incrementado el número de plazas de estacionamiento de 123 a 125.
Por otro lado, Francisco Rodríguez, residente de Tamaraceite, visita el Barranquillo con frecuencia y ha notado una mayor facilidad para encontrar aparcamiento desde los cambios en la vía. A pesar de no poder usar la bicicleta por su edad, valora positivamente el carril, afirmando que solo hay retenciones en horas punta y que la infraestructura "vale la pena" para la zona.
Las obras fueron objeto de gran polémica debido a los problemas de seguridad vial que generaron, como dificultades para vehículos grandes en las curvas y la reubicación de plazas de aparcamiento reservadas, afectando a personas con movilidad reducida. Estas quejas llevaron al Ayuntamiento capitalino a reunirse con los afectados y la asociación de vecinos para reordenar el tráfico y modificar el proyecto, buscando solucionar los conflictos principales.




