La reflexión surge ante la posibilidad de más celebraciones, planteando si realmente son deseadas por toda la población. Se señala que no a todo el mundo le gustan o apetecen las fiestas en cualquier momento, y que muchas personas tienen otras ocupaciones vitales.
El texto critica la saturación de verbenas y DJs bajo las viviendas, obligando a algunos vecinos a marcharse de sus casas para evitar el ruido. Además, se mencionan los efectos posteriores a las fiestas, como el ruido prolongado, los vómitos y la suciedad, que extienden las molestias más allá del evento en sí.
Se plantea la cuestión de la 'identidad' festiva, sugiriendo que las romerías tradicionales podrían ser más adecuadas que las actuaciones de DJs, que se perciben como algo más genérico y presente en cualquier lugar.




