La tradicional bajada de la rama desde Tamadaba hasta San Pedro congregó a numerosos vecinos y visitantes, quienes portaron con orgullo las ramas cargadas de vegetación. Este año, la abundancia de agua ha permitido que la festividad luzca con un verdor excepcional, un reflejo de las peticiones de lluvia del año anterior que se han visto cumplidas.
La celebración comenzó puntualmente a las 10:30 horas con el sonido del volador y la música de La Clandestina, marcando el inicio de un recorrido festivo por las calles del pueblo. Familias enteras, incluyendo a los más pequeños como el niño Hugo, participaron activamente, portando sus propias ramas y cantando las canciones tradicionales, demostrando la fuerte transmisión intergeneracional de esta costumbre.
“"Esta es La Rama buena, por su carácter más familiar frente a la que se celebra cada año el 4 de agosto."
Muchos residentes que se mudaron fuera del Valle de Agaete aprovechan esta fecha para regresar, convirtiendo la festividad en un emotivo reencuentro familiar. La hospitalidad es una característica clave, con casas abiertas para acoger a todos los que desean compartir la celebración, durmiendo incluso en colchones en el suelo si es necesario.
El tamaño de la rama se asocia a la magnitud de las promesas o agradecimientos. Algunos vecinos, como Pedro Martín, optan por recoger pequeñas ramitas caídas, extendiendo así los buenos deseos a todos. La festividad atrajo también a visitantes peninsulares, como Laura Jacobo, Rubén Jimeno y Abigail Cantera, quienes descubrieron la singularidad de esta tradición canaria y valoraron su esencia familiar y comunitaria.
La diferencia entre esta celebración y la del 4 de agosto es clara para los locales: mientras una es fiesta, la de San Pedro es pura tradición. La experiencia ha sido tan positiva para los recién llegados que no descartan participar en la próxima Rama de Agaete e incluso, en el futuro, subir a Tamadaba para preparar su propia rama.




