Los pescadores artesanales del norte de Lanzarote, donde se ubica la mayor reserva marina de España con 70.700 hectáreas, alertaron a la Dirección General de Pesca del Gobierno de Canarias sobre una notable reducción en sus capturas. Entre 2018 y 2020, los picos superaban las 400 toneladas, pero en 2023 apenas alcanzaron las 210 toneladas, lo que representa una caída del 48%. Esta disminución afectó principalmente a especies como la merluza, el alfonsino, la brótola y el bocinegro.
Inicialmente, los trabajadores del sector, como Santiago González, de 49 años, estaban convencidos de que los tiburones eran los responsables. Practican la pesquería del alto, una modalidad artesanal en aguas profundas (entre 200 y 800 metros) donde los escualos interceptaban los peces durante el ascenso. González describió al tiburón mako como “súper malo” y “oportunista”, lamentando que “se mete en todos lados” y “muerde sin hambre”.
“"Desde que echo dos o tres lances y saco varios pescados, se ponen debajo y no me dejan hacer nada."
Ante esta preocupación, la Dirección General de Pesca solicitó a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) que investigara la situación. Investigadores del Instituto Universitario ECOAQUA acompañaron a la flota artesanal de Caleta de Sebo (La Graciosa) y Órzola (Lanzarote) entre julio de 2022 y junio de 2023, evaluando 317 lances. Los resultados fueron concluyentes: solo se registraron dos casos claros de depredación por tiburones, lo que descartó su impacto significativo.
La investigación, liderada por José Juan Castro y David Jiménez-Alvarado de ECOAQUA, se centró en la correlación entre las capturas y la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), un patrón atmosférico que mide la diferencia de presión entre el anticiclón de las Azores y el centro de bajas presiones de Islandia. La NAO modula la fuerza de los vientos alisios y la temperatura del agua, afectando la supervivencia de las larvas de peces. Una fase negativa de la NAO entre 2014 y 2017 coincidió con un “boom” de especies, mientras que la fase positiva posterior se alineó con las caídas de capturas a partir de 2021.
Los hallazgos, publicados en la revista científica Marine Environmental Research, sugieren que las herramientas de gestión pesquera tradicionales son insuficientes ante la variabilidad climática. Los científicos recomiendan integrar índices como la NAO para crear “sistemas de alerta temprana basados en las previsiones climáticas”, lo que permitiría a los pescadores anticipar periodos de baja productividad y ajustar sus estrategias.




