Durante tres años, Adú, un niño camerunés de 12 años que llegó a Canarias en cayuco, ha entrenado seis horas semanales con el equipo de fútbol de Tenerife, pero solo ha podido ver la mayoría de los partidos desde la grada. La Federación Interinsular de Fútbol de Tenerife le impedía inscribirse debido a una normativa de la FIFA, diseñada para evitar el fichaje de menores en terceros países, que no se adaptaba a la realidad de menores tutelados o en acogida con residencia legal y escolarizados.
Tras un último año y medio de lucha, con escritos del propio Adú (nombre ficticio) a la FIFA, apariciones mediáticas y la intervención del Gobierno canario y el Defensor del Pueblo, la situación ha cambiado. Una orden emitida en abril por el Gobierno de Canarias establece que la normativa FIFA no puede prevalecer sobre la legislación española, desbloqueando el camino para él y para cientos de niños en su misma situación en las islas, una decena de ellos en su club.
Ahora, Adú juega como delantero centro con el dorsal 9 en su equipo del norte de Tenerife, e incluso porta el brazalete de capitán. "Muy bien, no me lo esperaba. Tenía bastantes ganas. Estaba un poquito nervioso, no mucho", comenta el joven, quien ya piensa en celebrar goles como su ídolo, Kylian Mbappé. A pesar de haber disputado los dos últimos partidos de la temporada, podrá seguir cogiendo ritmo con el equipo alevín, categoría de la que es su ficha, mientras juega con los infantiles.
Su padre de acogida, Eduardo, relata a EFE la emoción del momento en que a todos los niños en su situación les dieron el documento para poder jugar. "Al final se trata de niños", apunta. Para Adú, este cambio ha sido "como quitarse un peso de encima" tras años de espera y su perseverancia por seguir jugando al fútbol. "Da igual que pierda, él ya puede jugar con sus compañeros, puede entrenar y sabe que cuando llega el fin de semana puede participar", resume Eduardo.
Eduardo también señala la "cruz" del proceso: el odio recibido en redes sociales tras la exposición pública de la historia de Adú. "La parte buena es que se ha solucionado el problema burocrático, pero la cruz han sido los comentarios fuera de lugar sobre algo que afecta a niños de 12 años", lamenta, criticando la falta de empatía y la difusión de "odio y mentiras" sobre la edad o situación del menor. Considera que estos comentarios se basan más en la "ignorancia" y aboga por "hacer oídos sordos" ante ellos.




