El operativo para desembarcar a más de un centenar de pasajeros del buque de bandera holandesa se puso en marcha con la primera luz del día, después de que las autoridades sanitarias confirmaran que todos los viajeros permanecen asintomáticos. Este proceso, que se prevé que se extienda hasta mañana, se realiza en pequeños grupos y por nacionalidades.
Los 14 ciudadanos españoles fueron los primeros en abandonar la embarcación, seguidos por pasajeros de Países Bajos, Alemania y Bélgica. Una aeronave enviada por Países Bajos actuará como transporte principal para la repatriación de estos grupos. El último vuelo, programado para mañana, trasladará a personas de Australia, Nueva Zelanda y diversas zonas de Asia.
Desde las 07:17 de la mañana, vehículos de la Unidad Militar de Emergencia (UME), conocidos como vehículos burbuja, llegaron al muelle. La coordinación entre el Puerto de Granadilla y el aeropuerto de Tenerife Sur es estricta, requiriendo la autorización del piloto de cada vuelo para el embarque de los tripulantes del MV Hondius. Embarcaciones de la Guardia Civil y Salvamento Marítimo, junto a un helicóptero, supervisan la operación desde el Muelle Ribera, donde también se ha establecido un puesto médico avanzado del Servicio de Urgencias Canario (SUC).
“"Si se quiere imponer, que violenten nuestra autonomía y que se hagan responsables de lo que ocurra."
La operación, organizada a contrarreloj, sigue la hoja de ruta establecida, aunque no sin tensiones. La llegada del crucero generó un desacuerdo entre el Gobierno de Canarias y el Estado. El presidente del Gobierno de Canarias expresó su descontento por la falta de una reunión previa con los ministros que se desplazaron a la isla, y anunció inicialmente que Canarias no autorizaría el fondeo del barco. Sin embargo, el Ministerio de Fomento impuso al Puerto de Granadilla la acogida del crucero, lo que finalmente se ha llevado a cabo sin el permiso explícito del ejecutivo canario.




