Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1971 y residente en La Laguna, David Ramos Martel, pianista y docente, ha dedicado su vida a la música. Desde su puesto al frente de la Escuela Municipal de Música Guillermo González, defiende que estos centros son mucho más que lugares para aprender a tocar un instrumento; son focos de cultura y experiencias vitales para el municipio.
Su contacto con la música comenzó de forma accidental a los cuatro años, al ver a un pianista actuar en un hotel de Puerto de la Cruz. Esta impresión le llevó a aprender piano de forma autodidacta a los seis años, a pesar de no tener antecedentes musicales en su familia. Aunque su entorno familiar siempre le apoyó, existía el estigma social sobre la inseguridad de la profesión musical, una idea que, según él, ha ido disminuyendo con el tiempo.
Ramos Martel explica que la decisión de dedicarse profesionalmente a la música no fue una elección temprana, sino una evolución natural. Si bien de niño soñaba con ser el mejor intérprete, con el tiempo comprendió la complejidad de vivir solo de la interpretación, lo que le llevó a la docencia como una opción sustentable y enriquecedora. Enseñar, afirma, es un espejo diario que impulsa la mejora continua y profundiza la comprensión de la práctica musical.
Tras completar sus estudios superiores en Madrid, donde también impartió clases, regresó a Tenerife a finales de los 90. El cambio hacia las escuelas municipales supuso un 'choque' inicial para muchos acostumbrados a un modelo más académico. Sin embargo, Ramos Martel destaca el enorme potencial de estas escuelas, que concibe como 'agencias culturales' municipales, capaces de aglutinar diversas disciplinas artísticas y generar proyectos significativos para la comunidad.
Subraya la importancia de la conexión de cada escuela con su municipio y su identidad cultural, utilizando la música como vehículo para generar proyectos que motiven a la comunidad, especialmente a los más jóvenes. La diversidad de edades en las aulas, donde pueden convivir abuelos y nietos, es vista como una fuente de enriquecimiento mutuo, tanto musical como personal. Además, resalta los proyectos intercentros y las agrupaciones que conectan alumnado de diferentes escuelas, promoviendo experiencias valiosas más allá del resultado artístico.
Para Ramos Martel, el objetivo principal es proporcionar 'experiencias con la música' a toda la sociedad, generando un retorno hacia el municipio. A nivel personal, la enseñanza representa una relación cercana donde la música actúa como canal de expresión. Aunque la gestión ocupa gran parte de su tiempo, impidiéndole tocar el piano con frecuencia, sigue vinculado a la música a través de la composición. La sensación de 'construir algo' y ver la conexión emocional con el alumnado es lo que le sigue motivando después de tantos años.




