Las quejas abarcan desde problemas de mantenimiento básico, como goteras y la presencia de cubos para recoger agua, hasta fallos estructurales más serios, incluyendo aluminosis y corrosión en los edificios. Estas situaciones, según los denunciantes, comprometen la calidad asistencial y la seguridad de pacientes y personal.
Un usuario identificado como Juan, quien recientemente sufrió la pérdida de dos familiares, describió la situación en el Hospital del Norte como “dantesca”. Relató la existencia de charcos en la entrada principal, que requieren el uso de mantas y sábanas para su absorción, así como cubos y palanganas distribuidos por las instalaciones, incluso en las plantas de hospitalización. La gravedad de las filtraciones llegó al punto de que una escalera de emergencia estuvo clausurada un día.
“"El 98% de la gente es gente mayor que ya le queda poco de vida."
Además, Juan criticó el mobiliario oxidado, las camas en mal estado y las soluciones temporales que, a su juicio, solo buscan “tapar la suciedad” con planchas de madera y “brochazos” de pintura, sin abordar una reforma integral. Lamentó la pasividad de la administración y la ineficiencia del personal de mantenimiento, especialmente al considerar que la mayoría de los pacientes son personas mayores.
En el caso del Hospital Universitario de Canarias (HUC), con más de 55 años de antigüedad, el deterioro es progresivo. La corrosión en las barandillas de los balcones, un problema ya alertado en 2024, persiste junto a la aluminosis. Cati Darias, delegada de Intersindical Canaria, señaló que la única medida adoptada ha sido bloquear las puertas de los balcones más afectados, lo que anula la ventilación de las habitaciones, un aspecto crítico ante las olas de calor.
“"No ha sido objeto de mantenimiento correctivo ni preventivo."
La delegada sindical denunció una “dejadez generalizada” en las infraestructuras, afirmando que el HUC no ha recibido el mantenimiento adecuado. También criticó que en obras nuevas, como las del Hospital del Norte, se recepcionen trabajos con deficiencias sin exigir responsabilidades a las constructoras. Esta situación genera una percepción de agravio entre los ciudadanos, quienes sienten que los pacientes de otros centros, como el Hospital La Candelaria, reciben una atención superior.




