Esta tendencia, que se observa cada vez más en el ámbito laboral, refleja un cambio en la percepción del éxito profesional. La psicóloga Tamara de la Rosa, de Tenerife, señala que, si bien el ascenso se asociaba tradicionalmente al triunfo, ahora muchas personas buscan un equilibrio entre su vida personal y profesional.
“"Muchas personas empiezan a priorizar su bienestar, su tiempo y su equilibrio personal."
Un ejemplo de esta realidad es el caso de una trabajadora social en un centro de acogida de menores en Gran Canaria, quien rechazó un puesto de mayor responsabilidad. Su decisión se basó en la necesidad de mantener su realización en el puesto actual, su tiempo y su calidad de vida, evitando una disponibilidad casi total que la alejaría del contacto directo con los menores.
Los principales motivos para rechazar una promoción incluyen la conciliación (50%) y el deseo de mantener las condiciones laborales actuales (38%). En contraste, las razones para aceptar un ascenso suelen ser el aumento salarial (70%), el reconocimiento profesional (34%) y las oportunidades de desarrollo (31%).
La edad también influye en esta decisión. Mientras que casi seis de cada diez trabajadores menores de 35 años (57%) muestran interés en progresar, este porcentaje disminuye al 39% a partir de los 35 años, cuando las posiciones laborales suelen ser más estables y los salarios más consolidados.
La psicóloga Tamara de la Rosa advierte que asumir una carga laboral sin un deseo real puede llevar a la frustración y al agotamiento, destacando que la salud mental se ha convertido en una prioridad, incluso por encima del crecimiento profesional tradicional.




