El retorno del CD Tenerife al fútbol profesional, apenas una temporada después de su descenso a Primera Federación, representa un logro histórico. Este ascenso ha evitado un significativo impacto económico e institucional, consolidando la estabilidad del club.
Aunque el mérito principal recae en la plantilla y el cuerpo técnico, la armonía en todos los estamentos del club ha sido fundamental. Tras un periodo de inestabilidad, con un consejo de administración desgastado y cambios en la dirección, la llegada de un nuevo accionista mayoritario fue crucial para revertir la situación.
“"Es muy difícil hacerlo bien en el terreno de juego cuando las cosas no van bien dentro de la institución. Es un reflejo, se quiera o no se quiera ver."
La entrada de un accionista con experiencia y prestigio en el mundo del fútbol, quien había sido jugador de la cantera del club, marcó un punto de inflexión. Su decisión de invertir y liderar la reestructuración fue determinante para sacar a la entidad de una prolongada crisis.
Este accionista, conocido por su habilidad negociadora, logró consolidar un importante paquete de acciones y asumir la gobernanza del club. Entre sus decisiones clave, se destaca la incorporación de figuras históricas y expertos en fútbol para conformar un equipo directivo sólido, incluyendo a un expresidente y a un entrenador que ya había logrado un ascenso con el equipo.
Además de la gestión deportiva, el accionista ha impulsado una filosofía que prioriza los asuntos sociales y el acercamiento del club a los aficionados de toda la geografía insular, buscando fortalecer el vínculo con la comunidad. Su estilo de liderazgo discreto y enfocado en la resolución interna de problemas ha sido clave para mantener la armonía.
El ascenso a Segunda División es un éxito colectivo, pero la visión y el compromiso de este accionista han sido fundamentales para sentar las bases de un CD Tenerife renovado y con aspiraciones de seguir creciendo en el fútbol profesional.




