El realismo onírico de una narradora canaria que difumina fronteras literarias

La autora, residente en Las Palmas de Gran Canaria, explora la fusión entre lo local y lo universal en sus obras, transitando del ámbito rural al urbano.

Imagen genérica de un interior de biblioteca con estanterías de madera y un podio con micrófono, evocando un ambiente de presentación literaria.
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Imagen genérica de un interior de biblioteca con estanterías de madera y un podio con micrófono, evocando un ambiente de presentación literaria.

Una reconocida narradora, residente en Las Palmas de Gran Canaria desde su infancia, ha publicado dos novelas que exploran el realismo onírico y experimental, diluyendo las fronteras entre lo local y lo universal.

La autora, aunque reconocida en ciertos círculos literarios, no suele aparecer en los medios más convencionales. Nacida en Argentina, reside en Las Palmas de Gran Canaria desde su infancia. Tras debutar con La galería de los antepasados, una obra de realismo mágico, ha publicado la extensa narración Parabere, que fue finalista del Premio Café Gijón.
Sus dos obras muestran una versatilidad notable. Mientras que La galería de los antepasados potencia una memoria mágica, incluso con la capacidad de resurrección de difuntos, Parabere se inclina hacia un realismo más directo y experimental. Esta última novela, que se inicia con un flashback sobre la infancia de la protagonista en la Feria de Abril de Sevilla, toma su título de un personaje real: una gastrónoma y escritora que regentó una célebre casa de comidas en Madrid durante la Guerra Civil.
Parabere, escrita en coautoría con un editor y escritor madrileño, destaca por su homenaje a esta pionera de la gastronomía. La novela incorpora más de 60 platos que encabezan los capítulos, reflejando cómo la cocina evolucionó en diferentes épocas, desde la Belle Époque hasta la posguerra, con exquisiteces que van desde el «lenguado a la Parmentière» hasta el cocido o la paella.
Por otro lado, La galería de los antepasados, publicada en 2023, es una novela poliédrica y reflexiva, con saltos temporales. La trama se desarrolla en el interior de Gran Canaria, donde la autora pasó su infancia. Aunque está llena de canarismos, estos se explican a pie de página para universalizar su comprensión. El escenario evoca un «Macondo» en San Lorenzo, a las afueras de Las Palmas de Gran Canaria, con una narrativa deudora del realismo mágico, donde misteriosos azulejos permiten la resurrección de familiares fallecidos.
A través de sus dos narraciones, la autora diluye las fronteras entre lo local y lo universal, en un viaje que va de lo rural a lo urbano. Un elemento formal que conecta ambas tramas es la recurrencia del envío de cartas entre los personajes, añadiendo un subgénero epistolar a su estilo.