El informe "Destrucción a toda costa" de Greenpeace dibuja un panorama crítico para la franja costera de las islas Canarias. El análisis advierte de un "impacto sistémico" donde la erosión litoral se agrava por la fuerte presión hídrica, desprendimientos en acantilados y la oposición a diversos proyectos urbanísticos.
El modelo territorial y turístico del archipiélago se encuentra en una "encrucijada crítica". La edificación masiva, la sobreocupación del suelo y los efectos del cambio climático están acelerando la degradación del espacio litoral, mermando la capacidad de resiliencia frente al mar. Los daños por temporales, como la borrasca Therese, ya han supuesto pérdidas millonarias, además de la pérdida de biodiversidad marina.
El documento identifica zonas de "amenaza elevada" como el norte de Tenerife (acantilado de Acentejo y Teno), donde la energía del oleaje causa desprendimientos recurrentes. En el sur de la isla, macroproyectos como Cuna del Alma en Adeje y el Hotel de La Tejita en Granadilla han generado rechazo social por su afección a espacios ecológicos y la servidumbre de protección.
Otras áreas críticas son Maspalomas (Gran Canaria), donde las edificaciones en primera línea bloquean el flujo natural de arena, y Corralejo (Fuerteventura), donde el debate sobre la caducidad de concesiones hoteleras mantiene la exigencia de desmantelamiento para recuperar el sistema dunar.
La transformación de la costa también afecta al ecosistema marino. Se observa la proliferación de patógenos, la desaparición de especies como el erizo Diadema, y la alteración de cadenas tróficas con mayor presencia de tiburones y mantas. Los sebadales retroceden por vertidos y obras portuarias, mientras la alta dependencia de la desalación genera un elevado gasto energético y vertidos de salmuera.
Ante este escenario, el informe de Greenpeace propone frenar la construcción en los primeros 500 metros del litoral y aplicar retranqueos. Aboga también por "Soluciones basadas en la Naturaleza" (SbN), como la restitución de dunas en Maspalomas y Corralejo para que actúen como escudos naturales frente a las borrascas.




