Cruzamos mares, dejamos el hogar. Buscamos sueños, un nuevo lugar. Inmigrantes somos, con fuerza y pasión, luchamos por la vida por un nuevo rincón. El camino es duro, pero hay esperanza. La fe nos levanta, nunca se cansa. Cargamos historias, cargamos dolor, los muros se alzan, pero hay decisión. La tierra es de todos, no hay división. Y aunque nos miren como extraños, sabemos que el mundo es para . Traemos cultura, tramemos dolor. Somos semillas de un mundo mejor.
Joven migrante narra al Papa las dificultades de los menores en Canarias
Un joven senegalés relata al pontífice su experiencia y la de otros menores que llegan a las islas y enfrentan la mayoría de edad.
Por Jonay Mesa Rodríguez
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Joven migrante hablando en un acto público en Tenerife.
Un joven senegalés de 20 años, acogido en Tenerife, ha compartido su experiencia vital con el Papa Francisco, destacando las dificultades que enfrentan los menores migrantes al cumplir la mayoría de edad.
Tras visitar el campamento de acogida de Las Raíces, el Papa Francisco conoció de cerca otras realidades de la migración en Canarias. En la plaza del Cristo de La Laguna, Mbacke Ndiaye, un joven senegalés de 20 años, relató al pontífice cómo la fundación Buen Samaritano le ha brindado una segunda oportunidad. "Me ha dado respeto, paciencia, y gente que me dijo: 'tú vales, tú puedes'", afirmó, agradecido por haber recibido "más que un techo y comida".
Mbacke Ndiaye, quien reside en el centro desde hace un año a la espera de la resolución de sus papeles, expresó su gratitud por haber tenido "mucha suerte", ya que "otros jóvenes cuando cumplen 18 años se quedan en la calle". Durante su estancia, él y otros compañeros han participado en diversas actividades formativas, incluyendo español, cocina, agricultura, carpintería, reparación y costura. "En mi caso particular, tengo la formación básica de español", detalló.
El joven senegalés subrayó el sentimiento de pertenencia y familia que ha encontrado en Tenerife, afirmando que "la hermandad existe más allá de la sangre". Añadió que "cuando una persona te tiende la mano sin pedir nada a cambio, el miedo se va y viene la esperanza". Su compromiso es "devolver lo que he recibido", trabajando con honestidad y estudiando con esfuerzo para ayudar a su familia.
Mbacke Ndiaye concluyó su intervención pidiendo al Santo Padre que "siga recordando al mundo que detrás de cada migrante hay un sueño, una madre que reza y una persona que merece una oportunidad". Finalizó recitando un poema elaborado por miembros del grupo de teatro de la Fundación Buen Samaritano, un colectivo que busca "vencer al miedo" a través de la expresión artística.



