A pesar de su extendida presencia, que podría sugerir un origen autóctono, la cañavera es una especie invasora que ha desplazado a la flora nativa. Su capacidad de adaptación y crecimiento en el archipiélago ha sido tal que se la considera una especie naturalizada.
El divulgador digital @biolomarcos ha destacado la facilidad con la que esta planta se encuentra en los barrancos canarios, donde ha encontrado “agua, sol y espacio”, lo que le ha permitido crecer “sin parar” y convertirse en un elemento distintivo del paisaje, a costa de las especies locales.
Originaria de Asia, la cañavera llegó a Europa occidental alrededor del siglo XVI. Su dispersión natural y su versatilidad la hicieron popular en usos cotidianos como soporte en la agricultura, alimento para animales y material para artesanía local, lo que contribuyó a su propagación.
“"En Canarias encontró agua, sol y espacio en los barrancos."
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) ha catalogado a la cañavera como una de las 100 especies más peligrosas a nivel global debido a su alta capacidad de invasión y alteración de los hábitats que coloniza. El Gobierno de España ha alertado sobre los graves impactos que esta planta puede generar.
Entre las amenazas que representa se incluyen el desplazamiento total de la vegetación nativa, el empobrecimiento del hábitat para la fauna terrestre, la reducción de la capacidad de desagüe de ríos y canales, y un aumento del riesgo de incendios debido a la gran biomasa que produce. Además, su denso entramado de rizomas impide el crecimiento de otras especies, dificultando la regeneración de la flora autóctona.




