La Florida: el vergel oculto de Los Realejos

Un pequeño caserío en Tenerife, con apenas una decena de habitantes, conserva su encanto natural y su historia.

Imagen genérica de un paisaje rural en Canarias con casas tradicionales y vegetación.
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Imagen genérica de un paisaje rural en Canarias con casas tradicionales y vegetación.

El caserío de La Florida, en Los Realejos, Tenerife, es un rincón escondido bajo el macizo de Tigaiga, donde la despoblación contrasta con su exuberante vegetación.

Enclavado en el municipio de Los Realejos, bajo el macizo de Tigaiga, se encuentra La Florida, un vergel que a menudo se confunde con su homónimo en La Orotava. Este pintoresco caserío, salpicado por siete u ocho viviendas a lo largo de una estrecha carretera, solo cuenta con un par de residencias habitadas de forma permanente. La vida en este enclave se reduce a apenas una decena de personas, un reflejo de la despoblación que afecta a muchos lugares históricos.
El investigador José Gregorio Hernández González destaca la riqueza demográfica y natural de La Florida. A pesar de la escasa población, la vida brota en este lugar, cuyo nombre evoca su contenido botánico. Azucenas silvestres, castaños y reductos de la laurisilva primigenia de Tenerife conforman un paisaje maravilloso y enigmático, envuelto a menudo por la neblina que acaricia el risco de La Tarasca. El silencio, roto solo por el balido de una cabra o el canto de los pájaros, crea una atmósfera única.
Los primeros pobladores oficiales de La Florida se registraron en el padrón municipal de 1862, con los apellidos Mosegue, Linares y Febles. Vivían en pajares, habitáculos típicos canarios de la época, complementados con cuevas. A finales del siglo XIX y principios del XX, familias retornadas de Cuba se asentaron, construyendo casas de una planta con teja árabe. Descendientes de estas familias aún residen en el caserío, como es el caso de José Manuel Hernández González, quien se siente orgulloso de haber nacido y vivir en este lugar, a tan solo 15 minutos del casco de Los Realejos.
Mucho antes de la llegada de los primeros pobladores registrados, La Florida ya era un asentamiento guanche perteneciente al Menceyato de Taoro. Tras la conquista, la zona formaba parte de una estructura agraria basada en el control del agua, un recurso abundante que impulsó su desarrollo. La toponimia del lugar, recogida por José Gregorio, revela nombres como el barranco del Garabato, la Hondura o el risco de La Tarasca, nombres que corren el riesgo de desaparecer si no se rescata la memoria oral.
El castaño fue un elemento clave en el desarrollo económico de La Florida, siendo la base de la cestería. Las familias cortaban las varas en invierno para elaborar cestos, imprescindibles para las tareas agrícolas y el transporte. Hoy, estos árboles se mezclan con la laurisilva que recupera su espacio. El nombre de La Florida, como bien indica el pasodoble 'Islas Canarias', refleja su condición de "vergel de belleza sin par". Las flores del lugar, como violetas y azucenas, fueron una vía de escape económico para muchas mujeres, que las vendían hasta en Puerto de la Cruz, profesionalizando esta labor con la llegada del turismo.