El cordón trenzado de La Orotava, a punto de ser Bien de Interés Cultural

Esta ancestral técnica de cultivo de la vid, única en el mundo, recibe el visto bueno para su protección patrimonial.

Imagen de viñedos en el Valle de La Orotava con la técnica del cordón trenzado.
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Imagen de viñedos en el Valle de La Orotava con la técnica del cordón trenzado.

El ancestral método de cultivo de la vid conocido como 'cordón trenzado' en el Valle de La Orotava se encuentra a un paso de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC), un reconocimiento que protegerá su singularidad.

El Valle de La Orotava se prepara para la protección de una de sus herencias más arraigadas al paisaje: el cordón trenzado. Esta técnica ancestral para conducir la viña, transmitida a lo largo de generaciones, está cerca de obtener la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC) en su modalidad inmaterial. El Consejo de Patrimonio Cultural ha emitido un dictamen favorable, un avance crucial tras más de dos décadas de esfuerzos por parte de los ayuntamientos de La Orotava, Puerto de la Cruz y Los Realejos.
Cecilia Farráis Lorenzo, conocida popularmente como Doña Chila y figura clave de la bodega Tajinaste, describe la técnica como algo natural en su vida. Su hijo, Agustín García Farráis, continúa esta pasión vitivinícola, destacando dos pilares fundamentales del cordón trenzado. La primera clave reside en el policultivo, ya que permitía cultivar la vid en los laterales, liberando el espacio central para huertos de papas o verduras. La segunda se relaciona con las condiciones del terreno y su sistema antiguo, cultivado directamente sobre el suelo sin injertos.
La técnica implica retorcer la madera de la vid de forma específica, utilizando horquetas de brezo y badana para su sujeción. Históricamente, se empleaba el método de 'remanga', que consistía en recoger las hojas para facilitar el paso y mejorar la exposición solar de la uva. Investigaciones posteriores, consultando a expertos de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, han permitido modernizar el sistema hacia una configuración más vertical. Esta adaptación optimiza la incidencia solar, mejora la aireación del fruto y reduce el riesgo de enfermedades, además de incrementar la comodidad en las labores del campo y la calidad final de la uva.
García Farráis subraya que esta evolución fue adoptada y asimilada por la comunidad local, que hizo suyo el sistema. Para él, el cordón trenzado es más que una técnica agrícola; es una tradición heredada y transmitida de forma natural, parte integral de la vida cotidiana y la identidad familiar, ligada intrínsecamente al paisaje del Valle de La Orotava.
El próximo reconocimiento como BIC aportará un valor significativo para reforzar la protección del patrimonio vitivinícola de la zona, otorgando respeto, continuidad y visibilidad a este patrón de cultivo. Se espera que impulse a las nuevas generaciones a valorar y conservar esta práctica. No obstante, el relevo generacional sigue siendo un reto, condicionado por la viabilidad y rentabilidad de un trabajo duro y constante.
La bodega Tajinaste mantiene el 90% de su producción vinculada al cordón trenzado, aunque también emplea otras técnicas como la espaldera para variedades específicas. Esta combinación permite elaborar vinos que fusionan la tradición con enfoques parcelarios y experimentales, pero el cordón trenzado sigue aportando una identidad y originalidad insustituibles.