La sexualidad en España está experimentando un cambio significativo, según se desprende de la II Encuesta Nacional de Salud Sexual. Este estudio, realizado por el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) a partir de 9.009 entrevistas, actualiza por primera vez en 16 años los hábitos, experiencias y percepciones de la población. Los resultados dibujan un panorama complejo donde la aceptación de la diversidad sexual crece, pero persisten desafíos en áreas clave como el consentimiento, la prevención de infecciones y la satisfacción general.
Un dato destacado es que el 28,2% de las mujeres ha sido forzada a realizar prácticas no deseadas alguna vez, frente al 13,6% de los hombres. Además, una amplia mayoría, tres de cada cuatro personas, no usó preservativo en su última relación sexual con penetración vaginal. El 62,3% de los encuestados reconoce no haberse realizado nunca una prueba del VIH.
“"Aunque nos queda muchísimo que avanzar, somos unos auténticos privilegiados y tenemos la oportunidad de disfrutar sexualmente cómo y con quién queramos"
A pesar de estas cifras, la psicóloga y sexóloga Nayara Malnero subraya que la realidad ha mejorado considerablemente. "Las libertades sexuales nunca han sido tan grandes como las que tenemos hoy por hoy", afirma, destacando la capacidad de disfrute y crecimiento personal y erótico.
La encuesta también revela una disminución en la satisfacción sexual, con un 77,2% de la población satisfecha actualmente, frente al 85,8% en 2009. Malnero interpreta esta reducción no como un empeoramiento, sino como una comprensión más profunda de lo que implica la satisfacción sexual, que ahora incluye bienestar emocional, conexión y felicidad, más allá de la simple ausencia de problemas o la frecuencia de las relaciones.
La especialista señala que la forma de relacionarse ha cambiado, con un aumento de las interacciones a través de aplicaciones y redes sociales, lo que podría influir en el desarrollo de habilidades sociales.
El consumo de pornografía es otro aspecto analizado: el 71,9% de los hombres y el 24,9% de las mujeres lo han consumido en el último año, cifra que supera el 60% entre los jóvenes de 25 a 34 años. Malnero advierte que puede ser un problema si actúa como principal modelo de aprendizaje, generando frustración al comparar la realidad con representaciones poco realistas.
El estrés y la presión social son identificados como factores que impactan negativamente en la satisfacción sexual, al ser incompatibles con el bienestar necesario para una vida íntima plena.
El uso irregular del preservativo, especialmente entre los jóvenes, es un reto pendiente. A pesar de que España es conocida por su alto consumo de preservativos, las tasas de embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (ITS) siguen siendo elevadas. Malnero atribuye esto a una educación sexual insuficiente en las aulas, a menudo enfocada en el miedo en lugar de la conciencia y la autorresponsabilidad.
La experta enfatiza que la educación sexual debe ir más allá de la prevención de ITS y embarazos, abordando el autocuidado y las relaciones afectivas. Señala que la falta de uso del preservativo por parte de la pareja indica una falta de cuidado de la salud del otro, y que el problema de las ITS también afecta a personas mayores de 65 años.
A pesar de los desafíos, la encuesta ofrece motivos para el optimismo. La aceptación social de las relaciones entre personas del mismo sexo se ha duplicado desde 2009, alcanzando el 88,1%. Además, el 91,1% apoya la impartición de educación sexual en las aulas.
Malnero concluye que, aunque queda mucho por hacer, el avance hacia relaciones más sanas y un mayor autoconocimiento es una dirección correcta, impulsado por el deseo creciente de aprender y mejorar.




