Esta transformación del océano de sumidero a fuente de CO2 se ha observado durante los últimos tres años. La ola de calor marina de 2023, que elevó las temperaturas oceánicas en 0,5 grados, ha generado una inercia que impide que los termómetros marinos regresen a la normalidad, incluso durante el invierno.
Los científicos aún no saben si el ecosistema marino podrá recuperar su estado previo. Esta situación ya está provocando consecuencias visibles en los ecosistemas, volviéndolos menos hospitalarios para las especies endémicas y más atractivos para especies exóticas, algunas de las cuales son tóxicas.
“"Durante los inviernos sucesivos no ha descendido la temperatura tanto como debiera."
En 2023, el océano isleño experimentó una ola de calor marina sin precedentes, que se prolongó por más de 400 días y llevó las temperaturas a máximos históricos. Ese mismo año, las Islas Canarias registraron el período más cálido desde que existen registros, con una temperatura media de 20,1 grados y solo una cuarta parte de la precipitación esperada. Estas cifras fueron dos grados superiores a lo registrado en años anteriores.
El aumento de las temperaturas ha provocado un incremento notable en las concentraciones de dióxido de carbono en el mar, que ha alcanzado su límite como sumidero. Esto significa que la acidificación del océano se ha acelerado, afectando a organismos con conchas calcáreas como corales y gorgonias, y poniendo en peligro su supervivencia.
“"El mar alrededor de Canarias ya no actúa como sumidero, sino como fuente de dióxido de carbono."
Además, este cambio en las condiciones marinas facilita la proliferación de especies invasoras, exóticas y potencialmente tóxicas, mientras que especies autóctonas importantes, como las algas pardas del género Cytoseira, están desapareciendo. Estos efectos tienen implicaciones significativas para la economía azul de las Islas Canarias, impactando la agricultura, la pesca y el desarrollo de infraestructuras marinas, como las plantas de desalación.




