Han pasado 33 años desde que Canarias vivió uno de los acontecimientos culturales más extraordinarios de su historia reciente. El 26 de septiembre de 1993, Michael Jackson aterrizó en Tenerife para ofrecer el último concierto europeo de su gira Dangerous World Tour, un espectáculo que situó al Archipiélago en el mapa internacional de la música.
Aunque hoy es habitual que las Islas reciban a grandes estrellas internacionales, a principios de los años noventa la llegada del llamado Rey del Pop parecía remota. Sin embargo, una combinación de negociaciones, circunstancias favorables y una gran apuesta organizativa convirtió a Tenerife en el escenario elegido para despedir una de las giras más importantes del momento.
La actuación en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife marcó un antes y un después en la programación de grandes eventos en Canarias. La isla se convirtió en la última parada europea de la gira Dangerous World Tour tras la cancelación del concierto previsto en Sevilla. Tras intensas negociaciones entre España y el Reino Unido, el equipo del artista aceptó trasladar el cierre de la gira a Tenerife antes de regresar a Estados Unidos.
La gira estaba concebida para promocionar Dangerous, el octavo álbum de estudio en solitario de Michael Jackson, uno de los trabajos más exitosos de su carrera. A nivel mundial, el tour reunió a millones de espectadores y generó una enorme repercusión mediática.
La magnitud del concierto obligó a organizar una compleja operación logística. Fueron necesarios dos aviones Antonov cargados con centenares de toneladas de equipamiento. El espectáculo incluía tecnologías avanzadas de la época: sistemas de sonido de última generación, iluminación espectacular, rayos láser, pantallas gigantes y una escenografía diseñada para los mayores estadios del mundo. En el Puerto de Santa Cruz se instaló un escenario de 77 metros de largo por 30 de ancho, acompañado por gradas desmontables capaces de albergar a decenas de miles de espectadores. Se vendieron alrededor de 55.000 entradas, consolidando el evento como el mayor celebrado en Canarias.
Durante su breve estancia, Michael Jackson se alojó en el Hotel Botánico, en Puerto de la Cruz, y visitó el Loro Parque. Su llegada despertó una enorme expectación, con centenares de personas intentando acercarse al artista, conscientes de estar presenciando un acontecimiento difícilmente repetible.
Tres décadas después, Canarias se ha consolidado como un destino habitual para grandes giras internacionales, con artistas de primer nivel y festivales que forman parte del calendario cultural del Archipiélago.




