Las calles de Santa Cruz de Tenerife fueron escenario de una movilización masiva el pasado 1 de mayo, donde miles de trabajadores se unieron para reivindicar un aumento de sus salarios y la dignificación de sus condiciones laborales. La protesta, que congregó a unas 5.000 personas según los organizadores, buscaba evitar que las repercusiones económicas de la situación global recaigan nuevamente sobre los empleados, especialmente en un territorio tan vulnerable como Canarias.
Los sindicatos convocantes hicieron un llamado a la acción para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, destacando que Canarias, debido a su alta dependencia del transporte marítimo y aéreo, es particularmente susceptible a los efectos económicos adversos. Además, la región se enfrenta a uno de los salarios medios más bajos del país, lo que agrava la situación para muchas familias.
“"El Primero de Mayo no es una fiesta, como la mayoría cree. Se trata de una jornada para reclamar mejores salarios y dignidad en el trabajo y el acceso a la vivienda."
A pesar de la creación constante de empleo en el archipiélago, impulsada principalmente por el sector turístico, los representantes sindicales enfatizaron que aún queda mucho por hacer para garantizar la calidad de estos puestos de trabajo. Se señaló la persistencia de salarios bajos y condiciones precarias en términos de horarios, turnos y seguridad laboral.
Asimismo, se hizo hincapié en la necesidad de abordar los “precios escandalosos” del alquiler y la compra de vivienda, que limitan las opciones de los trabajadores y contribuyen a la problemática de los “trabajadores pobres” en la región.




