La saga 'Toy Story', que revolucionó la animación hace treinta años, estrena su quinta entrega. Los productores Lindsey Collins y Pete Docter recuerdan el impacto de la primera película, que en 1995 supuso un hito al emplear ordenadores para la animación, algo casi inédito frente a las técnicas tradicionales de la época. Docter bromea sobre cómo la primera entrega puede parecer ahora un "videojuego barato" en comparación con los avances actuales en renderizado.
La nueva película, con una duración de una hora y cuarenta y dos minutos, se centra en Bonnie, la niña que heredó los juguetes de Andy. La trama aborda el ensimismamiento que generan los dispositivos electrónicos y la soledad derivada, llevando a un personaje a sentenciar que "la época de los juguetes ha llegado a su fin". Sin embargo, los creadores matizan que la idea principal es mostrar que "el juego tradicional y la tecnología pueden coexistir", basándose en la naturaleza humana de proyectar la personalidad en los objetos.
La historia introduce a Lilypad, una tablet con forma de ranita que, a diferencia de otros juguetes, requiere control parental para evitar daños a la niña. Este argumento busca interpelar tanto a niños como a padres sobre el uso de la tecnología. Collins y Docter afirman no estar en contra de la tecnología, sino asumir su realidad y verla como una herramienta al servicio del artista, incluso para la producción de películas mediante inteligencia artificial, aunque siempre priorizando el criterio artístico.
La película también destaca por su diversidad, presentando tres protagonistas femeninas, dos de ellas racializadas. Los creadores defienden que su objetivo es entretener y ofrecer una vía de escape de los problemas del mundo, celebrando la vida. Collins menciona el uso de nueva tecnología para dibujar el cabello rizado de Blaze, uno de los personajes, como ejemplo del compromiso de Pixar con la representación fiel de las personas.




