El puerto de Granadilla, de proyecto energético a lazareto improvisado

La infraestructura tinerfeña, concebida para el tráfico industrial, se convierte en el punto de acogida de un crucero con hantavirus.

Vista aérea del puerto de Granadilla, mostrando su infraestructura industrial y su ubicación costera.
IA

Vista aérea del puerto de Granadilla, mostrando su infraestructura industrial y su ubicación costera.

El puerto de Granadilla, en el sur de Tenerife, ha pasado de ser un ambicioso proyecto energético y logístico a convertirse en un lazareto improvisado para un crucero con un brote de hantavirus, un giro inesperado en su corta historia.

Concebido inicialmente como una instalación complementaria al puerto de Santa Cruz de Tenerife y con una vocación marcadamente industrial, el puerto de Granadilla fue inaugurado oficialmente en 2018. Su diseño se orientó a la gestión de buques de gran calado, mercancías y actividades industriales, incluyendo reparaciones navales y el tratamiento de chatarra.
La elección de Granadilla como punto de fondeo para el crucero HV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, se debe a su uso limitado y a su ubicación estratégica. Al estar aún en fase de finalización, el control de entradas y salidas de personas es más efectivo. Además, su proximidad al aeropuerto del sur de Tenerife facilita el traslado de los ocupantes del barco a sus lugares de origen.
La historia del puerto no ha estado exenta de controversias. En 2009, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Canarias suspendió cautelarmente las obras debido a la presencia de sebadales, una especie de alto valor ecológico. Aunque la polémica ambiental se resolvió en 2010 al ubicar el puerto fuera de los espacios protegidos, su propósito original de albergar una planta de gas que revolucionaría el sistema energético de Canarias nunca se materializó completamente.
Actualmente, el puerto de Granadilla sigue siendo una pieza clave para descongestionar el de la capital tinerfeña y apoyar el desarrollo industrial y logístico del sur de la isla, aunque su papel como centro de atención sanitaria global en esta crisis de hantavirus ha sido un desarrollo imprevisto.