Durante las Jornadas del Oficio Cinematográfico, celebradas en la Sala de Cámara del Auditorio Alfredo Kraus, varios actores compartieron sus perspectivas sobre la inestabilidad, la constante comparación y el miedo como elementos intrínsecos al proceso creativo. La conversación, que estuvo marcada por el humor y la experiencia personal, fue moderada por el periodista Carlos del Amor.
“"Es un combate de esgrima, pero no un combate a matar, es un combate a amar."
La discusión abordó la exposición constante que implica la actuación, donde la propia fragilidad se convierte en una herramienta. Se comparó el oficio con la necesidad de aprender a manejar un caballo que, en cualquier momento, puede desbordarse, o con la habilidad de "surfear" en un mar sin olas, aceptando la inestabilidad.
También se puso de manifiesto la dualidad entre la imagen pública y la realidad de la profesión, a menudo marcada por la precariedad. Se destacó que las alfombras rojas son una celebración, pero no reflejan la vulnerabilidad emocional y la inestabilidad económica que muchos intérpretes enfrentan.
Los participantes compartieron sus diversos caminos hacia la actuación. Mientras que uno de ellos sintió la vocación desde la infancia, otro llegó a la profesión de manera tardía y casi casual, tras una carrera en publicidad. Un tercer actor relató sus inicios accidentales en un grupo universitario, lidiando con la timidez y la falta de un plan alternativo. A pesar de las diferencias, todos coincidieron en la importancia de ese impulso inicial, ya sea por necesidad, curiosidad o juego.
Otro punto clave de la conversación fue el proceso de los castings. Se enfatizó que el casting no solo es una prueba, sino también una oportunidad para el actor de mostrar su valía y establecer un primer contacto con el tipo de trabajo. Se subrayó la importancia de que los directores de casting valoren a los intérpretes, y se recordó que, aunque el trabajo personal es fundamental, el resultado final de un casting a menudo depende de factores externos.




