Desde temprana edad, el sacerdote mostró una notable aptitud académica, ingresando al Seminario Diocesano de La Inmaculada Concepción de Las Palmas de Gran Canaria antes de los doce años. Su carrera como seminarista fue tan destacada que, con tan solo 26 años y una dispensa papal, fue ordenado sacerdote, consolidando una reputación como intelectual.
A lo largo de sus 58 años de vida, el sacerdote acumuló una impresionante biblioteca personal, con textos en griego, latín, francés y español. Tras su fallecimiento en 1964, parte de esta colección fue donada a la Biblioteca de la Casa-Museo León y Castillo, mientras que otra sección, centrada en temas teológicos, fue entregada a la Biblioteca del Seminario de la Diócesis de Canarias, donde permanece disponible para investigadores.
Su talento musical era ampliamente reconocido, especialmente sus interpretaciones al órgano en la Santa Iglesia Basílica Catedral de Canarias (Santa Ana). Un obispo de la Diócesis, monseñor Antonio Pildáin Zapiáin, elogió públicamente su maestría, instando a los feligreses a apreciar la música que emanaba de sus manos.
“"Deseo que mi pobre cuerpo espere la resurrección de la carne entre los míos, en el cementerio católico de San Juan Bautista de Telde."
El sacerdote mantuvo un fuerte vínculo con su ciudad natal, Telde, participando activamente en sus festividades religiosas más importantes. Incluso en sus últimos años, afectado por una grave enfermedad hepática, continuó con su labor pastoral y musical. Su deseo final fue ser enterrado en el cementerio católico de San Juan Bautista de Telde, junto a sus seres queridos, un deseo que fue respetado.




