Multa de 1.700€ por alimentar aves y causar plaga de ratas: norma en Las Palmas

Un caso en Reino Unido recuerda las normativas de la capital grancanaria que limitan la alimentación de animales en la vía pública para prevenir problemas de salubridad y convivencia.

Imagen genérica de comida para pájaros esparcida en el suelo con palomas borrosas al fondo.
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Imagen genérica de comida para pájaros esparcida en el suelo con palomas borrosas al fondo.

Una multa de 1.700 euros en Reino Unido por dejar comida para pájaros y provocar una plaga de ratas pone el foco en normativas similares de Las Palmas de Gran Canaria, que limitan esta práctica para evitar problemas de salubridad y convivencia.

El gesto de alimentar a las aves en la calle, aunque pueda parecer un acto de ayuda, puede derivar en serios problemas de suciedad, concentración de animales y molestias vecinales. Un reciente caso en Reino Unido, donde una mujer fue sancionada con 1.700 euros por dejar grandes cantidades de comida para pájaros, ha reavivado el debate sobre esta práctica.
La acumulación de alimento atrajo a numerosos roedores que afectaron a viviendas y negocios cercanos. Esta situación guarda similitudes con las normativas vigentes en Las Palmas de Gran Canaria, donde alimentar animales en espacios públicos está limitado si genera problemas de convivencia o salubridad.
En la capital grancanaria, la presencia habitual de palomas puede verse alterada por puntos de alimentación constante. Depositar comida en plazas, parques o calles puede propiciar la concentración de aves y el aumento de restos de alimentos, suciedad y excrementos en espacios compartidos. Las normas municipales buscan equilibrar el respeto a los animales con el derecho de los ciudadanos a disfrutar de espacios limpios.
La práctica continuada de alimentar palomas puede generar dependencia en las aves y concentrarlas en zonas específicas, provocando conflictos entre vecinos, especialmente en áreas urbanas densas como Las Palmas de Gran Canaria.
El caso británico, que resultó en una multa de 1.500 libras (aproximadamente 1.749 euros) y restricciones para la mujer durante dos años, subraya cómo una acción con buena intención puede generar un problema mayor al afectar al entorno común. Las autoridades establecieron medidas como la limitación de comederos y la obligación de conservar la comida en recipientes cerrados.
La regulación en Las Palmas de Gran Canaria, al igual que en otras ciudades, persigue encontrar un equilibrio entre el respeto a los animales y el derecho de los vecinos a disfrutar de espacios limpios y sin molestias.