La artista, nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1962, comparte su entusiasmo por el inminente concierto y reflexiona sobre su trayectoria profesional y los retos de la industria musical actual. Cerpa describe La Costa de los cantares como una propuesta que busca conectar con África de una manera directa, reconociendo su riqueza melódica y rítmica.
El álbum cuenta con colaboraciones de artistas africanos como la guineana Eneida Marta, el caboverdiano Rufino Almeida, el congoleño Matías Dorán y el angolano Ricardo Campos. Cerpa explica que la armonía del conjunto se logra a través de la afinidad de estilos y la búsqueda de lenguajes sonoros comunes que facilitan el mestizaje musical.
Respecto a la era digital, Cerpa reconoce no ser nativa digital pero valora las oportunidades que ofrece la tecnología para llegar a un público más amplio de forma instantánea, aunque advierte sobre la sobreoferta de grabaciones. "Como toda innovación, hay que aprender a gestionarla para que no se convierta en un problema, sino en parte de la solución", afirma.
La cantante defiende que su música, alejada de contaminaciones políticas, busca conectar con la "sensibilidad popular" a través de "verdades eternas" como el amor o la tierra, argumentando que la música es el arte que más rápidamente llega al corazón. "No hay que racionalizar nada… solo sentirla", subraya.
Sobre el directo, Cerpa admite sentir "mucha" inquietud al inicio de cada concierto, pero la serenidad se impone al conectar con el público. Confiesa haber olvidado letras en alguna ocasión, pero lo asume como parte de la profesión, recurriendo a la improvisación. "No soy perfecta, ni lo pretendo", asegura.
Cerpa expresa su disfrute al cantar diversos repertorios, desde Vereda Tropical hasta las canciones de Palosanto y Mestisay, sintiéndose "como una niña chica" en el escenario. Para el cuidado de su voz, aboga por una vida ordenada y respetar las horas de sueño, sin cuidados específicos más allá de evitar aires acondicionados.
Respecto a fenómenos musicales actuales como el 'perreo', Quevedo o Bad Bunny, Cerpa los comprende como "movimientos de expresión" propios de la juventud, aunque no sean de su gusto personal. "Me interesa mucho más preguntarme qué andan buscando las nuevas generaciones", comenta.
La artista se muestra escéptica sobre la fiabilidad de las redes sociales como termómetro del pensamiento social, considerando que el "avatar" virtual a menudo no se corresponde con la persona real. Tampoco le asusta la Inteligencia Artificial en la música, creyendo que "solo puede hacer un potaje musical con lo que ya existe" y que la imaginación y la conexión humana en directo son insustituibles.
Cerpa se declara "profundamente creyente" y coincide con los mensajes de solidaridad y paz del Papa León XIV, aunque subraya que no es necesario ser creyente para suscribirlos. Comparte la percepción de que cantar "descubren la verdad universal de que somos del mismo barro".
La cantante, que tiene un hijo de 23 años, no tuvo que renunciar a la maternidad, aunque reconoce las ausencias de su "vida nómada". Sobre el feminismo, se siente más cercana a las "feministas históricas" y defiende el principio biológico de "ser" mujer. No descarta futuras experiencias en teatro musical, a la espera de las ideas de Manuel González, y tiene planes para discos con músicos de América Latina o con visión sinfónica.




